Y vino Francisco

RODRIGO VALENCIA Q ©

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Y vino el Papa Francisco. Y aunque no creo en iglesias ni en asombros o gestos multitudinarios, vi que abrió una puerta grande donde la inteligencia ilumina y la palabra da esperanza; donde, si la voz habla, la serenidad convence; donde no hay odios y sí una sonrisa blanca. Y habló a multitudes, recibió niños, niñas, adultos y ancianos; estrechó manos y escuchó canciones; vio danzas y juventudes a la espera. Recorrió calles y rompió protocolos, escuchó lamentos y quejas sobre la violencia; y tuvo paciencia en el cansancio, miradas para la tristeza… Vino con doctrina a exorcizar el miedo, la telaraña de los tiempos, los malos entendidos, la falta de confianza; el rojo de la guerra y la mueca de la angustia. Y aconsejó con voz tranquila en este país donde aúlla el miedo, y la paz, la confianza y la equidad aún no son una paloma blanca. Y habrá que esperar que la voluntad de los oyentes, de los mandatarios y ciudadanos del común, cierre el círculo del odio, la mentira, los himnos de tragedia, las banderas de guerra, las trompetas del miedo y las ceremonias del cinismo.

Vino el Papa, todos lo vimos; y seguro esta visita captó expectativas del espíritu y emociones del creyente y no creyente. Vino con un Dios posible en la voz y el corazón, con un saludo en la mano para decirle al bueno y al malo que la esperanza es rostro de oración, cuando del silencio brotan afectos luminosos, con los cuales se puede crear una realidad mejor.

Vino el Papa Francisco, y a veces su tono libre-pensador acompañó la bella idealidad que todos querríamos en un mundo. Sin duda, quienes lo miran y acusan con recelo, deben arrodillarse, pedir perdón por tanta desconfianza manoseada en la cizaña. Vino el Papa; durará su mirada en los corazones; sin duda, a Colombia la visitó un heraldo blanco; Francisco dejó huella en esta tierra amarilla azul y roja.

Con su partida, el reloj de arena da la vuelta, reinicia su conteo en el inmenso paisaje de la realidad…