Que la paz continúe resucitando

RODRIGO SOLARTE

Rodrigo_solarte@hotmail.com

Transcurrida la Semana santa o semana mayor del mundo católico, el mundo y sus conflictos humanos, continúan su marcha.

La paz interior vivida, por fe, descanso, turismo, reunión familiar, vacaciones, ahorros, salud, reconciliación, re-encuentros, armonía con los demás, la naturaleza y consigo mismo, merecen una continua reflexión, trasladándola a la consecución de esa paz colectiva que continuamos buscando, tras el calvario que muchos continúan viviendo, incluso por fanatismos religiosos.

Nuestro lenguaje se nutre de imágenes, símbolos, historias, experiencias y sueños. Música, artes, poesía, tradiciones, literatura, ciencias y creencias, universo, cielo y tierra, se manifiestan o interpretan diferente, en guerra o en paz, con verdad o mentira, con honestidad o corrupción, con amor u odio.

La vivencia personal, familiar y colectiva permean ese lenguaje. La dialéctica de la vida explica las diferencias, el otro, en origen, historia, sentimientos, pensamientos, decisiones y acciones.

El lenguaje de la paz en el contexto posacuerdos, no solo compromete a quienes dialogaron o lo han hecho desde antes, hasta encontrar estos consensos, irreconciliables por más de medio siglo, sin que esto signifique, que la idílica paz colectiva, haya sido nuestro común denominador al tratar de convivir, con el otro y la naturaleza.

Con el lenguaje expresamos emociones, experiencias, conocimientos, tradiciones, utopías,  ignorancias, vicios, virtudes, posiciones e intereses.

Hemos endiosado a la ciencia, al dinero, al mercado y la capacidad de consumo. Ese valor en pesos, contrasta con el valor espiritual. Ambos conviven en la misma persona y los demás.

Para la fe del católico, solo hay un Dios verdadero, modelo de pobreza, sacrificio, amor, vida, muerte y resurrección. Los detentadores del poder económico, político y militar la siguen utilizando, dicha fe, para inducir a la resignación, la pasividad, el ganarse el cielo sin importarle los bienes terrenales, esas indispensables necesidades básicas, tan limitadas que se han inventado, como derecho humano, por ellos mismos, propuesto y aprobado.

Que la paz continúe resucitando. En la conciencia y voluntad de cada uno. Facilitada por el ¨ acto de contrición¨ de nuestros gobernantes y de quienes aspiran perpetuar el calvario de nuestro pueblo. Que los judas y mercaderes, no aticen más la guerra, propia, ni con los vecinos; que la conversión de las FARC-EP y el ELN, de movimientos armados a movimientos políticos, sin la corrupción de los actuales, facilite a todos el morir naturalmente, de viejos, felices, así no resucitemos.