Pescar en río revuelto

RICHARD FREDY MUÑOZ

Twitter: @RichardFredyM

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Como nunca había sucedido en la historia reciente, el país se encuentra ad portas de unas elecciones presidenciales bajo el estigma del descrédito generalizado de los estamentos que representan la institucionalidad.

La percepción negativa de la ciudadanía y la poca favorabilidad van en alarmante aumento y abarca todos los ámbitos. Desde la justicia, pasando por los demás poderes judiciales, ejecutivos y legislativos, los colombianos han perdido la fe en sus instituciones y la democracia está sobrevalorada.

Grave referente si consideramos lo sucedido hace menos de 20 años con nuestros vecinos en Venezuela cuando el descrédito de la clase dirigente convirtió el proyecto “chavista” en una opción viable de poder. Las consecuencias de ese error aún no se terminan de pagar y los venezolanos anhelan antiguos tiempos que difícilmente volverán.

En Colombia estamos pasando por un fenómeno similar, dónde las circunstancias están dadas para que cualquier cosa pueda suceder.

¿Recuerdan al presidente Abdalá Bucaram en Ecuador? Llegó al poder en 1996 y duró solo un año antes de ser destituido por loco.

Sin pretender ser fatalistas, el clima enrarecido de la política y las campañas salpicadas por el desprestigio abren las puertas para que cualquier populista, con un discurso barato, se cuele en la Casa de Nariño.

En el pasado, por ejemplo, el denominado voto castigo utilizado para protestar contra los candidatos de siempre, permitió la elección de Luis Eduardo Díaz, “el lustrabotas”, en el concejo de Bogotá.

A primera vista fue un triunfo de la democracia participativa que le otorgó representación a los que no tienen voz en el cabildo de la capital del país, pero con el pasar de los meses los resultados fueron nefastos.

El concejal, literalmente embriagado de poder, terminó protagonizando toda clase de escándalos y enredado en investigaciones. Al final de su carrera política terminó destituido e inhabilitado por la Procuraduría para ejercer cargos públicos durante 13 años por violar el régimen de inhabilidades e incompatibilidades. Lucho pasó de haber obtenido una de las votaciones más altas en Bogotá para un concejal (18.300 sufragios), al destierro y la condena pública.

Quienes ahora enarbolan el discurso de un nuevo país conocen también, y ya lo han demostrado, las muchas formas de manipulación de la opinión. Seguramente varios de ellos la apostarán al caos, la desinformación, las mentiras en las redes sociales y la anarquía para pescar en río revuelto y abrirse paso hacia los espacios de poder.

Se avecinan elecciones del Congreso y presidenciales. Ojalá tengamos la coherencia suficiente para elegir a los más aptos y capacitados. Personas no solo con formación académica sino también líderes sociales que realmente representen nuestros valores. De lo contrario, perdemos nosotros y los ganadores serán los oportunistas que solo buscan su propio beneficio.