Ni lucro ni comunismo

SIGIFREDO TURGA AVILA

sigifredotu@hotmail.com

En artículo anterior decíamos que el cooperativismo es una forma totalmente diferente de organizar la economía a la que ejerce su dominio en Colombia. Esa dominante economía siempre va dirigida a satisfacer la inversión, dejando en situación secundaria el dar o aportar solución a necesidades.

Como parte de esa realidad colombiana encontramos que el Estado Colombiano formula su legislación en función de atender la actividad económica y empresarial, privilegiando los intereses de la Economía del Lucro. Incluso todo lo que es prestar un servicio básico fundamental o de supervivencia lo define y desarrolla como una acción institucional que genere lucro.

A las empresas lucrativas les queda como meta enriquecerse, por considerarlo como su destino natural. Recuerdo oír a un ministro de la salud explicando la importancia de las EPS por ser muy buenos sitios para la inversión de capital. He aquí una necesidad básica y fundamental aprovechándose para beneficio del inversionista.

De otra parte, en los países que llaman comunistas o socialistas, las actividades de las organizaciones son monopolizadas por un Estado manejado al arbitrio de unos detentadores del poder, quienes si bien es cierto no deciden en función de la Utilidad a la inversión, no le dan juego efectivo a la democracia participativa en todo el proceso administrativo y operativo, castrando con ello las iniciativas individuales.

Al no airearse el sistema comunista o socialista con la responsabilidad democrática que hace parte de la naturaleza de la participación comunitaria, se corren los riesgos de quedar toda una población sumisa y en manos de las decisiones de unos pocos que determinan a su arbitrio, para bien o para mal.

No es de extrañar que caigan estos estados comunistas en hechos de corrupción cometidos por quienes monopolizan a su amaño el poder o que caigan en hechos represivos atentatorios de derechos fundamentales.

La organización cooperativa con efectiva participación comunitaria en una sociedad, al respetar sus siete principios fundamentales se garantiza libertad a la iniciativa individual, a la creatividad, al trabajo compartido, a la solución de problemas sin discriminaciones, al respeto a los recursos naturales que son para beneficio de todos siempre y cuando se utilicen reconociendo el derecho que tienen las generaciones futuras sobre esos recursos naturales.

Refirámonos a los dos primeros principios PRIMERO: APERTURA Y VOLUNTAD DE LOS ASOCIADOS. Las cooperativas son organizaciones voluntarias, abiertas a todas las personas capaces de utilizar sus servicios y deseosas de aceptar las responsabilidades de ser asociados, sin discriminación de género, clase social, política, racial o religiosa.

SEGUNDO: GESTIÓN DEMOCRÁTICA DE LOS ASOCIADOS Las cooperativas son organizaciones democráticas controladas por sus asociados, quienes participan activamente en la determinación de sus políticas y en la toma de decisiones. Hombres y mujeres elegidos como representantes de los asociados son responsables ante ellos. En principio los cooperadores tienen iguales derechos de voto (un asociado, un voto); las cooperativas de otros niveles también son organizadas de manera democrática.

Estos dos fundamentos bien aplicados permiten dinamizar una forma de organizarse en la que vale la gente, con todos sus derechos, contando con la solidaridad de los congéneres para atender con justicia toda necesidad que afecte a todos o que, aunque no a todos, sin egoísmos la comunidad interviene en beneficio del ser afectado.

Esa es la modalidad con que organizan la economía los países con el índice sobre corrupción más bajo de Europa y donde garantizan los mejores indicadores de la economía Europea; también los Misak en Silvia Cauca Colombia, los nasas de la vereda Zumbico en Jambaló Cauca Colombia y los habitantes de Don Matías, Antioquia Colombia, en donde ha sido cero el desempleo.