Los sacrificios de la clase media (II)

NELSON EDUARDO PAZ ANAYA

nelsonpazanaya@hotmail.com

La columna anterior que se refería a la condición que atraviesa la clase media colombiana y en particular la caucana, ha inquietado a nuestros lectores, motivo que nos lleva a hacer otras precisiones, pese a la limitación comprensible de espacio en EL NUEVO LIBERAL.

Le interesa leer… ‘Los sacrificios de la clase media’

Pues bien, resulta importante señalar que la clase media, el jamón en medio de los trozos de pan, se queja del manejo de la cuestión tributaria, gravámenes que evaden otros sectores de la población.

La Constitución Política de Colombia, establece los principios que deben regir el Sistema Tributario del país: equidad, justicia, eficiencia, progresividad, y legalidad.

Al revisar nuestra estructura tributaria en las últimas décadas, se encuentra que se ha alejado del principio de equidad, básico para las finanzas públicas justas con la población, en la actualidad el recaudo de los impuestos indirectos supera el de los directos, con mayor diferencia a partir de la reforma de 2017, por el Impuesto al Valor Agregado IVA, pagado por todos sin distingo de clase o ingresos.

El segundo, más significativo es el de Renta y Patrimonio, de acuerdo con el nivel de ingresos y patrimonio y en forma progresiva, respecto del cual, la DIAN puede hacer un seguimiento exhaustivo a las Rentas de Trabajo y se exonera en buena parte las rentas de capital y al patrimonio, estipulando un pago anticipado con la retención en la fuente.

La clase media, se considera asfixiada en el campo de la tributación, por cuanto es ella la conformada por los empleados y trabajadores que devengan un salario y a quienes es más fácil determinar el valor a gravar.

Son estos sectores, los que compran alimentos, vestuario y otros bienes y servicios, pagar arriendo, algo de recreación, todo gravado con el 19% del IVA, además, son los que si prestan Servicio Militar obligatorio y como si fuera poco son presa del sistema bancario, de las tarifas de los servicios públicos y de los pésimos servicios de salud.

Con los recursos obtenidos con la aplicación del Sistema Tributario, se financia el Presupuesto Anual de Gastos de la Nación, que consta de tres grandes partes: Funcionamiento, Inversión y Servicio de la Deuda.

En este punto, vale anotar, pues que, no hay claridad sobre cómo la inversión pública esté dispuesta a desarrollar el Pacto Social, base del Estado Social de Derecho, en cambio, la ejecución de los presupuestos está amarrada al clientelismo, a una contratación amañada, en fin a una corrupción cada vez más acrecentada que implica a todas las ramas del poder público, como se ha visto con los escándalos de la Corte Suprema de Justicia, que al parecer se ramifican en todos los departamentos del País.

La problemática del Cauca, por donde se observe, es producto de una región que pasó de ser zona roja a una zona marginal en donde la pobreza y la miseria inciden en toda la población, con una violencia atroz que afecta el deseo de tener armonía social, todo porque no hay un derrotero de propósitos, porque no hay una definición de para donde se va.

Si bien se han construido varios documentos para apostarle al futuro- aplicando técnicas pertinentes como la Prospectiva- que ofrecen serias recomendaciones al respecto, no se avanza en la obtención de los propósitos buscados, se requiere preponderancia de los actores públicos y privados en los procesos de desarrollo, a través de la generación de compromisos y confianza mutua.

De ello nos hemos alejado en los últimos años y por tanto no se adelantan las acciones pertinentes, impera la desconfianza, el pesimismo y lo más grave, el conformismo, se ha acabado la actitud otrora soñadora de un pueblo cimentado en el trabajo y en el compromiso de hacer de su espacio un territorio próspero y compartido, como tantas veces se ha repetido del Himno del Cauca.

La clase media, más allá de los sacrificios económicos y de su habitual conformidad con el establecimiento, esta llamada a asumir la posición crítica de una corriente de opinión, que se constituya en barrera contra la “desintegración moral de la Republica” y la aniquilación de las regiones.