Los callejeros no tienen Facebook

En los últimos años, las plataformas digitales se han convertido en espacios de gran importancia para comunicar y sensibilizar el problema del maltrato y abandono animal. Pero, ¿Qué está más allá de la viralización a través de las pantallas?

Por: Daniela Callejas Gaviria

www.comarcadigital.com – Universidad del Cauca

En 2012 se fundó la ONG Voluntarios Animalistas Popayán VAP, la cual tiene un albergue ubicado justo detrás del Club Campestre. En este lugar han llegado a tener hasta 60 perros y gatos, actualmente hay 19 canes. /Fotografías: Daniela Callejas Gaviria

Desde que despierto hasta que llega la hora de dormir reviso mi smartphone de manera insistente. No es raro encontrar en el timeline de mis redes sociales una que otra publicación que se reitera cada pocos minutos. Servicios sociales. Hay algunas relacionadas con algún animal extraviado. Un perro que fue descuidado por sus dueños. O un gato. Desapareció en tal lugar. “Es muy importante en nuestra familia”. Ofrecen recompensa. Al tiempo, el anuncio de que fue encontrado o viceversa. “Gracias por difundir, Perrito está de vuelta”.

Sin embargo, la mayoría de publicaciones no cuentan la historia de los dueños buscando a sus mascotas. Son relatos sobre animales con una realidad distinta. Abandonados. Enfermos o recién nacidos. Desamparados, sin hogar. Siempre con la intención de acudir a la adopción. Buscarles un lugar en donde vivir y en el cual reciban el afecto y los cuidados necesarios. En general, son muchas las personas que ayudan a difundir. O que se dejan llevar por el efecto mediático del Social Media superficialmente. Pero son muy pocas las que verdaderamente ‘toman cartas en el asunto’ y se responsabilizan para que esos animales maltratados y abandonados disfruten de una mejor vida.

Refugio y hogar

Con las redes sociales se ha incrementado la movilización animalista, y aunque el nivel de los ‘likes’ de las publicaciones no garantiza un final feliz para los animalitos que las protagonizan, en términos de adopción y ayuda para ellos, sí se convierten en una buena fuente de difusión.

Alejandra Salazar pertenece a la ONG Voluntarios Animalistas Popayán VAP, fundada en el año 2012 y  desde entonces trabaja en pro de la fauna callejera en la ciudad.

Ella se ofreció a llevarme al refugio para perros que maneja la fundación, ubicado detrás del Club Campestre. Al llegar, antes de que Alejandra abriera las puertas enrejadas, me advierte: “¡Te van a ensuciar!”. Los 19 perros que se albergan en el lugar, todos bien cuidados y esterilizados, salen felizmente curiosos a asomarse. De repente, antes de entrar a la casa percibo su afecto más sincero y siento una energía indescriptible. En especial dos de ellos, al entrar, no dejan de abrazarme. Todos criollos. Con características y comportamientos diferentes, pero con el mismo amor para dar. Algunos de ellos se encuentran sin un ojo, cojos o con cicatrices, señales inequívocas del maltrato que sufrían antes de ser rescatados. Guardián, es el perro que más tiempo ha estado en el refugio.

El lugar no es muy grande. Es alquilado por la fundación por el valor de 650 mil pesos mensuales. La casa tiene varias habitaciones, todas con tablas y cobijas convertidas en camas en las cuales albergan los perros según las necesidades.  El salón está destinado a aquellos que se enferman. Los que llegan operados o necesitan un cuidado especial tienen otra habitación, al igual que los cachorros.

También puede verse una fila de recipientes metálicos para comer. Y una de collares de todos los colores, para cuando reciben la visita de cualquier persona que los quiera llevar a pasear. Y hay una pequeña cocina, un lavadero, no en las mejores condiciones, pero sin embargo muy aseado.




Los perros que viven en el refugio están a cargo de María Eugenia Lozano. Ella los cuida. Los alimenta. Y está pendiente de las necesidades que surgen durante el día.  Para ella son sus “niños y niñas maltratados”, comenta.

María Eugenia habla también sobre las necesidades más grandes del albergue, comenzando por la ausencia de un terreno propio de la fundación para mantener el grupo de animales. La alimentación y las consultas veterinarias son lo más costoso. En ese solo lugar han pasado más de 60 caninos en los últimos meses. “Todos mis niños han sido rehabilitados y a medida que se recuperan entran en adopción”, manifiesta María Eugenia, quien a su edad no conoce de redes sociales ni cómo se expresan los animalistas en ellas. No obstante, realiza un papel importante para la fundación.

Al dejar el lugar, acompañada hasta la salida por los animales, Alejandra Salazar me explica que mantener el hogar de paso es muy difícil debido a que los gastos son muy altos y no reciben la ayuda suficiente para poder conservarlo. También comenta que las redes sociales para la fundación han sido imprescindibles puesto que con ellas se han hecho masivas las jornadas de adopción y esterilización. Mediante Facebook, los colectivos animalistas logran atraer la atención de las personas.

La experiencia de adoptar

Abrir las puertas de la casa a un animal callejero puede ser difícil al comienzo. Missy y Alfa son animales rescatados. Yo conocí a Missy cuando era un gato de tres semanas de nacido. Era solo huesos y ojos. Para mí era muy complicado elegirlo sólo a él debido a que eran cuatro hermanos. Después de que un profesional lo desparasitara, le aplicara una vacuna y le cortara las uñas lo llevé a su nuevo hogar. Luego de unos minutos se desmayó. Missy no reaccionaba y pensé que todo iba a empeorar. Noté que fueron demasiados procedimientos para un animal de tan corta edad. Se escondía. No quería comer. Lloraba durante minutos sin motivos. Tuvieron que pasar unos días para que se adaptara, subiera de peso, comiera con normalidad y cambiara su pelaje. Ahora, es un gato muy consentido y agradecido con todos.

Por su parte, Daniela Valverde, tras notar que han tomado a los animales de compañía como un negocio, tomó la decisión de adoptar a Alfa, cuyo proceso de adaptación fue distinto.  Estaba en manos de alguien que consumía drogas y  se encontró en mal estado de salud. “Por días no quiso comer, lo cual implicaba alimentarla por otros medios. Estaba llena de parásitos y no tenía confianza en lo absoluto con las personas. Era tan delgada que casi no podía pararse en sus patas.  Tenía bóxer en su pelaje. Deduje que era víctima de consumir involuntariamente estas drogas. Fue un proceso muy arduo, pero se pudo superar con mucho amor”.

Daniela destaca que se siente muy bien adoptar por el hecho de darle la oportunidad a un animal de poder ser feliz. Además, él también hará feliz y ayudará a ser mejor persona a su nuevo dueño.

Aunque el nivel de los ‘likes’ de las publicaciones no garantiza un final feliz para aquellos animales que las protagonizan, las redes sin duda son herramientas importantes de difusión y concienciación en esta temática que cada vez es más sensible socialmente.