La tragedia de Mocoa trajo de nuevo a un payanés a su casa

Luego de once años por fuera de la ciudad blanca Cristian regresó a su ciudad natal, ahora en compañía de su esposa y sus hijos esperan sobreponerse de lo sucedido en Mocoa y rehacer su vida en esta ciudad.

Por: Olga Portilla Dorado

olguitaportilla@gmail.com

Hace once años, Cristian Muñoz, quien se dedicaba al comercio en Popayán, decidió aceptar la invitación de un familiar que vivía en Mocoa para expandir su negocio en esta ciudad. Según recuerda Cristian, el comercio en la capital del Putumayo superaba las expectativas y ganancias que él obtenía en Popayán, por lo que decidió coger su maleta y emprender ese largo viaje.

Allá llegó, vivió algunas semanas con su familiar y trabajaba junto a él. Con el tiempo y gracias a sus ahorros pudo arrendar un local y ahí montó una venta de helados, que luego creció y se convirtió en un almacén de zapatos al por mayor y al detal.

En medio de sus labores conoció a la que hoy es su esposa: Amanda Becerra, una putumayense que no dudó en apoyar a su novio con el negocio y juntos se hicieron cargo del local. A los meses de ennoviarse se fueron a vivir juntos y luego llegaron sus hijos.

Así transcurrieron esos años, en los que Cristian junto a su familia vivía tranquilo en Mocoa, de vez en cuando viajaba a Popayán para visitar a su madre, pero hasta el pasado 31 de marzo, por su mente no pasaba la idea de retornar a su tierra.

El día que ocurrió la avalancha, por “casualidades de la vida” unos amigos los habían invitado a tomar un chocolate en la tarde, pero como uno de ellos tuvo un inconveniente con la moto la invitación se aplazó para la noche. Cristian iba a ir solo porque su esposa no estaba, pero como la hora de la cita había cambiado, Amanda y sus hijos finalmente lo acompañaron.

Ese ‘cambio de planes’ sería su ‘salvavidas’, pues con el desbordamiento de los ríos, la avalancha acabó con la casa donde la familia Muñoz Becerra vivía, ahí en el barrio el Piñañaco no quedó nada, ni de sus enceres ni de su negocio.

Este payanés recuerda como sobre las 10:00 de la noche llovía como nunca antes había llovido en Mocoa. A esa hora un vecino del sector llegó y les dijo que venía una avalancha, pero como hace un par de años hubo una falsa alarma, Cristian y sus amigos no creyeron, minutos después se fue la energía y empezaron a escuchar como “bramaba” el río, en ese momento al asomarse a la puerta las personas empezaban a salir de sus casas corriendo, gritando que la avalancha venía cerca.

La reacción de Cristian fue buscar a su esposa, sus hijos y la moto para salir de la casa de sus amigos, así a oscuras y bajo la inclemente lluvia salieron hasta cierto punto donde la moto se les apagó, se bajaron y caminaron hacia el norte de Mocoa, pero les dijeron que de allá venía la avalancha, como pudieron salieron de ahí y cogieron hacia el barrio La Unión que queda por una loma, ahí les dijeron que de allá también venía la avalancha, pero ya con los niños y su esposa dormidos, Cristian decidió esperar ahí en una tienda donde consiguieron refugio.

Abrazado a ellos, sólo se imaginaba lo peor y que ese sería el fin, sin embargo, no sabe cómo, a unos cinco minutos de ese lugar la avalancha cogió otro rumbo: el barrio El Carmen. Y así fue, la zona donde Cristian, su esposa, sus hijos y otros mocoenses se habían refugiado, sólo vio el paso del lodo y de los árboles caídos, ellos se habían salvado, era un milagro.

“Como yo soy de Popayán me desenvuelvo más fácil en la ciudad, entonces puedo ayudarlos o guiarlos en lo que necesiten, porque sí me he encontrado a varias personas de Mocoa que vienen buscando ayuda y no saben dónde ir. Por eso he decidido conformar un grupo de ayuda, los que necesiten pueden llamarme al 3194382453, que de cualquier forma yo les puedo colaborar”, Cristian Muñoz, sobreviviente de la avalancha de Mocoa.

Hace ocho días, Amanda Becerra llegó a esta ciudad junto a sus hijos mientras Cristián se quedó colaborando, buscando amigos y vecinos que estaban desaparecidos. Acá los recibió la mamá de Cristián, actualmente viven con ella, pues de su casa no pudieron recuperar nada, pero llegaron y están viviendo con la gratitud de poder estar con vida.

“Yo le dije a mi esposo que nos viniéramos porque no era justo exponer a nuestros hijos a alguna epidemia y tampoco a que estuviéramos mendigando un kilo de arroz y aceite durante más de tres horas, porque eso estaba pasando. Mi suegra nos compró los pasajes y cuando llegamos aquí me encuentro con la sorpresa de que los payaneses han sido muy solidarios, por eso estoy agradecida con Dios y con ustedes, es muchísima la abundancia que he recibido, aquí no he necesitado hacer fila, a la casa nos llegan las ayudas. Por eso les agradezco y le pido a la gente de Popayán que nos sigan ayudando, que no decaigan con su solidaridad”, expresó Amanda en medio de las lágrimas.

En medio de ese agradecimiento y como retribución a algo de lo que han recibido, Cristian menciona que está dispuesto a ayudarle a los mocoenses que están en Popayán, porque sabe que son muchas las personas que están llegando y buscando alguna ayuda, refugio, comida, ropa, y que como no conocen la ciudad, no saben hacia dónde dirigirse.

“Como yo soy de aquí me desenvuelvo más fácil en la ciudad, entonces puedo ayudarlos o guiarlos en lo que necesiten, porque sí me he encontrado a varias personas de Mocoa que vienen buscando ayuda y no saben dónde ir. Por eso he decidido conformar un grupo de ayuda, los que necesiten pueden llamarme al 3194382453, que de cualquier forma yo les puedo colaborar”, señaló Cristian.

Por ahora la familia Muñoz Becerra espera aparecer en el censo nacional de damnificados para que así la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres pueda brindarles las ayudas que necesitan y así intentar rehacer su vida y recuperar algo de lo que tenían antes.