La solidaridad, un alivio en medio de la tragedia

Corinto poco a poco deja atrás los daños causados por la avalancha del río La Paila.

Por Francisco Calderón

Especial para El Nuevo Liberal

“Todo el mundo habla mal de Corinto, que es un pueblo violento, pero lo que no saben es que la colaboración de todos evitó que esta tragedia fuera peor, porque a la hora de la avalancha, se unieron para avisar del peligro y correr hacia la Loma de la Cruz mientras pasaba la avalancha”, así sentencia Lucia Quilcué, una trabajadora de un café internet que hoy ve cómo su poblado renace del lodo y del caos.

La mujer agrega que todo empezó alrededor de las 5:00 de la tarde del pasado martes, cuando empezó a llover a cantaros, algo normal en un comienzo, pero después olfateó un olor a fétido en el ambiente, algo inusual, pasaron los minutos. Después fue un fuerte estruendo, que poco a poco empezó aumentar, aumentar y aumentar.

“La gente como vio que las calles que dan a la vía principal, o vía a Miranda, empezaron a inundarse, empezó a inquietarse, a ponerse ‘mosca’ porque ya sabían que el río La Paila, en el pasado, ya había causado un susto por una crecida, además como acá mantienen haciendo simulacros de emergencias, nosotros no dudamos un segundo en salir a la calle… pues sí señor, cuando ya vimos el peligro se nos acercaba, nos trepamos en el cerro que está acá cerca”, agrega la comerciante al exponer que eso de las 6:00 de esa tarde se presentó el momento más fuerte de la emergencia. Diez calles del poblado quedaron completamente inundadas.



Las calles de este poblado, ubicado en las estribaciones de la Cordillera Central, era un hervidero de gente: unos en moto, otros en carro o corriendo, pero la meta de todos era La Loma de Cruz, sitio establecido previamente como un área de encuentro, como bien lo relata Yojan Grajales ahora que limpia su loca de venta de minutos a celular y recargas en línea, ubicado un lado del parque principal.

“Trabajaba normal, cuando escuchamos la explosión de algo, me quedó esa duda, ya después gritaron que había que evacuar las casas, le grité a la mujer que sacara a la niñas y nos fuimos para la Loma de Cruz, allá pasamos la noche, solo teníamos la ropa que vestíamos, oramos para que el río no se llevara el negocio… cuando llegó la mañana, bajamos y llegamos al local, pero por fortuna solo fue el lodo que lo dañó todo”, explica Yojan Grajales al momento de asear su establecimiento comercial.

Llegó la noche, pero para los corinteños no era para descansar, todo lo contrario. Bomberos, Cruz Roja, la Policía y el Ejército llegaron rápidamente a los barrios La Esmeralda, La Playa y La Colombiana para ayudar a las personas que estaban atrapadas en sus casas porque las entradas de las mismas quedaron bloqueadas por toneladas de lodo, roca y troncos. Otro grupo de policías y bomberos partieron hacia veredas como Carrizales para apoyar a la guardia indígena, la cual ayuda a salir a los comuneros de la zona.

“Hermano no dormimos, porque nos dijeron que había otra avalancha, por eso la gente empezó a salir más rápido, los ‘tombos’ entraron a las casas y sacaron a los abuelos, a los niños, también los soldados se sumaron a ayudar, pero primero evacuaron a la gente, ayudándola a trasladarse hacia el cerro, eso era pura dinámica toda la noche, empezaron a llegar ambulancias, más bomberos, a llevar a gente al hospital, pero este se llenó, era el caos total”, dice Mauro Gutiérrez, un mototaxista que, por cinco pesos, hizo un recorrido en moto con el corresponsal por los barrios afectados por la avalancha.

Ya un punto donde una señora cuida una lavadora, completamente manchada por el lodo, Mauro le pregunta cómo la había pasado, a lo que la mujer responde que bien. “La Policía sacó a mi mamá, cuando llegué del trabajo, la tenían sentada en un andén, ya me tranquilicé porque como eso de las 7:00 de la noche me llamaron a decirme que el río se había llevado mi barrio, yo apagué las máquinas de la carnicería donde trabajo, apagué luces, cerré puertas y corrí de una a la casa, pero solo, solo fueron los daños materiales, mi vieja estaba a salvo”, manifiesta Mary Calderón, habitante del barrio Esmeralda, uno de los siete más afectados por la avalancha.

En este punto de la emergencia, bomberos e integrantes de la Cruz Roja y de la Defensa Civil de Santander de Quilichao, Padilla, Caloto, Jambaló estaban ayudando, en la zona, a los afectados, atendiendo y evacuando heridos hacia centros asistenciales de la zona y de la ciudad de Cali.

“Trabajamos toda la noche, ayudé a sacar cuatro lesionados de una casa en Carrizales, una de las veredas más golpeadas, a todos les cayó una pared, entonces se atendió en el sitio, y como logramos subir la ambulancia, de una lo llevamos a Cali, pero se hizo la labor y estamos aún acá para ayudar”, atestigua Mary Rendón, integrante de los bomberos de Caloto. De los cuatro años como socorrista, es la primera vez que atienda una emergencia de esta magnitud.

Ya en la mañana, empezaron a conocerse las consecuencias económicas y humanas del paso airado de La Paila: los pobladores, al tratar de rescatar sus pertenencias, se encontraron el cuerpo sin vida de una mujer y de su hija, una bebé de 14 meses de existencia. Luego, en la zona rural, encontraron otros dos cadáveres. Los mismos quedaron en las riberas y sepultados por el barro.

“La información que tenemos, elaborada con las versiones que llegan poco a poco, hablan de 18 desaparecidos, personas que fueron llevada por la corriente, no alcanzaron a sumarse a la evacuación, que para mi criterio, fue fundamental para que no tener más víctimas mortales, la gente hizo caso y salió rápido de las casas. Y agradecer a los compañeros de los municipios vecinos, que en un cuestión de minutos nos llegaron apoyar, como bomberos Cali que dispuso de un equipo de bomberos y de paramédicos”, dice el comandante de bomberos de Corinto, teniente Édison Hernández.

Luego empezaron a llegar las ayudas por parte de comerciantes y de alcaldía vecinas, como la de Miranda, la cual dispuso de maquinaria amarilla y volquetas para ayudar a remover las toneladas del denso lodo que taponó la vía que comunica dicha localidad con Corinto, uno de los principales corredores viales de la zona, el cual conecta además Cauca con Valle.

“Las familias que lo perdieron todo ahora están ubicadas en el coliseo Marco Nero Sánchez, donde además es el centro de acopio de las ayudas, como cobijas y colchonetas, que los comerciantes y las alcaldías están aportando. Son, hasta el momento 246 personas que están en este albergue. También se tiene 10 volquetas y seis retroexcavadoras retirando el lodo de las calles, y en las veredas, abriendo de nuevo las vías para tener acceso vial. También está el Ejército con su maquinaria. Con el tema de los desaparecidos, tenemos la cifra preliminar de 18, pero hay que esperar que los familiares instauren el correspondiente denuncio para consolidar aún más esta cifra”, explica Coronel (r) Fernando Piñeres, subdirector de Emergencias Unidad Nacional de Gestión del Riesgo UNGRD.

El puente que surca este río y que comunica Corinto con Miranda terminó averiado. Las vías que van hacia Padilla y Tacueyó están obstruidas. Igual suerte corrió el Núcleo Escolar, el principal centro educativo del municipio, por eso las clases se suspendieron. El acueducto principal colapsó, y ahora esperan atender el servicio de agua potable por turnos, con una bocatoma, ubicada en el sector de Chicharronal. La gente, por el momento, ayuda a las labores de limpieza y esperan, en poco tiempo, recuperarse de este golpe de la naturaleza.