La empresa caleña que fabrica impresoras 3D

Innovo 3D ha participado en diferentes eventos en los que ha dado a conocer el potencial que tiene como empresa caleña en estos temas de la innovación. /Fotografías: Suministradas.

Innovo 3D ha participado en diferentes eventos en los que ha dado a conocer el potencial que tiene como empresa caleña en estos temas de la innovación. /Fotografías: Suministradas.

Una de las ventajas de comprarle a Innovo 3D es la garantía que se tiene sobre el dispositivo. La empresa conformada por una caleña y un canadiense empieza a cosechar frutos de su trabajo investigativo desde 2012.

Aunque su existencia data de 30 años atrás, hoy la impresión 3D está de moda. Cuando se habla de innovación y creatividad por algún lado cobra importancia y se vuelve indispensable. Y esto fue lo que vieron los creadores de Innovo 3D al desarrollar su empresa.

Angela Sepúlveda y Adam Rumjahn, son esposos, ella caleña y él canadiense, lograron establecer lo que es hoy Innovo 3D después de sus viajes por Estados Unidos y diferentes investigaciones al respecto.

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En 2012, Adam entró a apoyar ajustes en el diseño de una impresora que estaban haciendo en una empresa bogotana, pero las cosas allá no funcionaron del todo bien. Aunque la firma no lo volvió a llamar y le quedó debiendo sus honorarios, le permitió entender lo que realmente quería hacer con su empresa.

El creador y desarrollador de las impresoras caleñas que imprimen en tres dimensiones es Ingeniero Mecánico y en su llegada a Cali, después de casarse con Ángela en 2013, empezó a buscar lo que quería que fuera parte de su futuro y se dio cuenta que lo suyo era la impresión 3D y que, además, era lo que estaría de moda en los próximos años.

“Desde el momento en que nos conocimos le había comentado a mi esposa que estaba interesado en la impresión 3D, pero no estaba muy seguro de que era exactamente lo que quería hacer”, recordó Adam.

En 2012, Adam entró a apoyar ajustes en el diseño de una impresora que estaban haciendo en una empresa bogotana, pero las cosas allá no funcionaron del todo bien. Aunque la firma no lo volvió a llamar y le quedó debiendo sus honorarios, le permitió entender lo que realmente quería hacer con su empresa.

“Esa fue una experiencia amarga y dulce a la vez. Se tuvo el descontento porque la empresa se desapareció sin pagar por los servicios que Adam le había prestado, pero se tuvo la satisfacción de identificar lo que él quería seguir haciendo y que tenía las capacidades y conocimientos para desarrollar el proyecto”, cuenta la esposa de Adam.

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Después de tener listo el primer prototipo y de haberle hecho algunos ajustes, se dio la segunda versión del evento en la Universidad Autónoma de la Magia y la Impresión 3D en 2015.

“Esto le permite a uno crear cualquier cosa que se pueda imaginar, eso me impresiona mucho, uno puede buscar cosas ya hechas y mandarlas a imprimir o, si uno tiene la capacidad de modelar en 3D se puede imprimir; esto me impresiona mucho, por eso me metí 100 por 100 en este proyecto”, precisó Adam.

Esto no quiere decir que se haya tomado la idea de una empresa para desarrollarlo en nombre propio, sino todo lo contrario. Desde que se venció la patente de las impresoras 3D hace más de 10 años, quedó el código abierto de cómo producirlas gracias a un profesor que decidió dejar su diseño disponible para que lo conociera el mundo. Es decir, gracias a código abierto Adam logró sacar su objetivo adelante pues “había mucha información en internet… yo creo que fue gracias a esto que pude hacer mi propio diseño”.

Después de tener listo el primer prototipo y de haberle hecho algunos ajustes, se dio la segunda versión del evento en la Universidad Autónoma de la Magia y la Impresión 3D en 2015, y allí participó Innovo 3D con tres prototipos listos, pero, aunque no los estaba vendiendo, encontró los clientes potenciales. “Nos fue muy bien en la feria, había mucho interés, mucha gente preguntando por cotizaciones.

En ese momento tomé varios pedidos y empecé a armar más máquinas y a vender”, explicó Adam. Otro de los objetivos de Innovo 3D era bajar el precio al que en Colombia se compraban estas máquinas importadas principalmente de Estados Unidos y al comprarlas allá cuestan alrededor de 3.000 dólares, pero cuando llegan acá el costo asciende a los 4.000 dólares al sumarle envíos impuestos y comisiones.

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Ellos explican que una de los aspectos que los ha favorecido es el tema de las garantías.

Hoy estos jóvenes empresarios, venden estas impresoras sin sumar esos mil dólares del proceso de importación. Por ahora Adam se encuentra terminando la versión final de la impresora 3D que produciría en grandes cantidades, aunque ya ha tenido relaciones comerciales con diferentes empresas caleñas que se han interesado en su trabajo y que han identificado las ventajas que tiene comprar este tipo de productos en la ciudad.

Ellos explican que una de los aspectos que los ha favorecido es el tema de las garantías. Generalmente estas máquinas se importan de Norteamérica y tienen seis meses de garantía allá, porque cuando salen de ese país automáticamente se pierde y si se llega a tener una dificultad con la máquina nadie responde. En cambio, en esta empresa, constituida legalmente en Cali en el 2014, brinda una garantía de seis meses para cualquier ciudad del país en donde se adquiera.

“Esto es lo que les gusta a nuestros clientes, hasta ahora han sido personas e instituciones que han adquirido máquinas extranjeras y no les ha ido bien con el servicio post venta”, explican Adam y Ángela.

Hasta ahora Innovo 3D les ha vendido a universidades, empresas que se dedican exclusivamente a la impresión en tres dimensiones, entre otros. En cuanto a los proyectos que tienen a futuro está presente el reciclaje de plástico para que después de un proceso de transformación se convierta en el material necesario para hacer las impresiones.