La crónica anunciada de Sambingo y Mazamorras

MIGUEL CERON HURTADO WEBMIGUEL CERÓN HURTADO

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Durante las administraciones de Duque, Maya y Dorado, la corporación autónoma CRC, al detectar que en la zona andina del departamento se estaban talando cerca de doce millones de árboles al año para uso en leña principalmente y también para ampliar la frontera agropecuaria incluyendo los cultivos de uso ilícito, diseñó y puso en marcha una estrategia tendiente a neutralizar los impactos socioeconómicos de esta presión antrópica. La estrategia de largo plazo incluía tres programas tácticos, dos de ellos en infraestructura y uno en superestructura, a través de los cuales se lograrían las metas para aproximar el objetivo. La meta era que en 2005, o sea con un horizonte de doce años, se estaría sembrando aproximadamente 12 millones de palos para, al menos, reponer la cantidad anual talada.

Una primera acción táctica era la de instalar la capacidad de producción del material de siembra, que en esa época sólo alcanzaba las 600 mil plántulas al año, o sea un déficit de 11.4 millones de plántulas; la segunda era de la de adoptar los paquetes tecnológicos adecuados para la intervención agropecuaria y de silvicultura y la tercera la organización e intervención integral y holística de las comunidades con el acompañamiento de los organismos del Estado, para realizar los proyectos inherentes al propósito. El primer programa era el de crear al menos 200 viveros veredales y municipales, el segundo era el de crear seis centros de validación y difusión tecnológica y el tercero el de organizar el manejo de microcuencas con una meta para el 2005 de cincuenta.

Apenas se habían instalado algo así como una docena de viveros, se había construido dos centros de tecnología (La Fonda Patía y cabecera de Bolívar) y se habían intervenido una decena de microcuencas, entre ellas la del río Mazamorras, cuando la CRC cayó en manos del nefasto politiquero Larry Olmedo Guerrero, quien, de un tajo, cercenó la estrategia técnicamente implementada y colocó la corporación al más vulgar servicio politiquero de su protector Chaux.

De no haber ocurrido esta tragedia institucional en la CRC por allá en 1994, probablemente desde el 2005 se estaría reponiendo la cobertura arrasada y hoy el objetivo de conservación de los ecosistemas en el cordón magistral de la cordillera se estaría acercando y seguramente, no hubiera ocurrido todavía la tragedia ambiental de este mes, e igualmente, no se estaría dejando a Cali sin agua cada que llueve en la parte alta del río Palo. Tardó veinte años la naturaleza en pasar la cuenta de cobro, con la ocurrencia de un fenómeno que ya desde tiempo atrás se sabía que iba a suceder, por lo cual se debe tomar como una lección para aprender de modo que no vuelva a ocurrir otro fenómeno como este de la crónica anunciada de Sambingo y Mazamorras.