La ciudad esfumada No 16

VÍCTOR PAZ OTERO

victorpazotero@hotmail.com

En la pasada columna hicimos referencia a un fenómeno, que hoy resulta más inquietante que nunca y, al que se van articulando muchas más miserias y degradaciones que improbables grandezas para el Popayán del presente y del futuro. Nos referíamos a las relaciones de Popayán con el dinero. En estricto sentido, esas relaciones son un hecho de naturaleza relativamente reciente. Por eso hay que diferenciar y tener muy en claro los profundos significados divergentes que hay entre los conceptos de riqueza y de dinero.

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En Popayán, como es muy bien sabido por todos, pero poco comprendido por muchos, existió en el pasado y durante muchos años bastante riqueza y hasta algo de opulencia. Para el caso recordemos el papel relevante que jugó la ciudad como gran centro esclavista y latifundista. Su riqueza provenía en lo esencial del trabajo esclavo, de ese trabajo que procuraba la más envilecedora de las instituciones que hasta ese momento había edificado la universal historia de la infamia: la esclavitud de muchos seres humanos. Es decir, y sin eufemismos, la riqueza de nuestra ciudad la engendró el sufrimiento y la avasallante miseria de un importante y dominado grupo de seres humanos. Un grupo humano que aún la sociedad del presente, discrimina de muchas formas y somete a marginalidad social y cultural. Sin embargo, ese sufrimiento y esa deuda histórica, que permanece sin saldar y muchas veces hasta sin reconocer, fundamentó la importancia política y hasta cultural que pudo desplegar la ciudad en la época colonial y durante varias décadas de la existencia republicana.

Pero haber poseído riqueza no significa haber mantenido un tráfico intenso y permanente con ese dinámico y perturbador agente de la aceleración social y de la aceleración del tiempo histórico que impone y exige el dinero. El dinero de manera esencial es un instrumento que posibilita el intercambio y la circulación de mercancías. Solo ahí donde hay producción de mercancías como elemento determínate del proceso económico, juega el dinero su papel privilegiado como agente de intercambio y de circulación de lo producido, y su escenario básico es la existencia de un mercado. A su vez la mercancía hay que considerarla como la cristalización del trabajo humano sobre las formas casi siempre inertes de la materia.

En la época esclavista y colonial la ciudad, nuestra pequeña y en ese entonces no muy blanca Popayán. Era,y lo seguirá siendo casi secularmente, ajena a las virtudes dignificantes y transformadoras del trabajo productivo .La elite dominante , dueña y beneficiaria del trabajo esclavo, alienada en fetichismos falsamente aristocratizantes,por el contrario, desarrollo y se empalagó en un Ethos cultural que le permitía sentir desprecio y repulsión por esas actividades productivas, el trabajo casi siempre fue considerado “asunto de negros o de plebeyos”; reclamaban para ellos las delicias del OCIO. Pero por supuesto nunca pudieron entender las exquisitas maravillas que puede producir el ocio, cuando se lo asume como espacio y tiempo creativo para las faenas de la cultura y del espíritu. Lo que si produjo ese ocio estéril fue una mentalidad parasitaria, un virtuosismo enfermizo por la modorra y por la pereza. En una palabra, la riqueza generada por el trabajo esclavo, el ocio y la indiferencia despreciativa por el trabajo que la produce, acabo a la larga siendo el sepulturero de ese ciclo histórico fundado por y en la esclavitud. Como un hecho paradojal, Fue la poderosa iglesia Católica la que en últimas vino a convertirse en la gran beneficiaria de ese momento de esplendor y de opulencia que produjo el oro de las minas y el trabajo de los esclavos. El ornamento, en algunos casos hasta ampuloso, de sus muchos y hermosos templos, así como de los también muchos y serenos claustros, son prueba y muestra más que evidente de lo mismo. La majestuosa e impactante solemnidad de sus rituales religiosos terminaron por ser el símbolo emblemático de la ciudad.

Hoy día, en este año sin gracia del 2017, y también como otra paradoja rodeada de enigma, parece que en Popayán ya no hubiese riqueza, pero en ella abunda con desmesura el dinero. Carece casi por completo de procesos productivos pero casi se ha convertido en una especie bullicioso mercado donde se compra y se vende de todo. ¿Será que estamos afrontando una transmutación alquímica provocada por la magia degradativa del dinero fácil y mal habido?¿No se habrá convertido Popayán en una escandalosa lavandería para limpiar toda la inmensa suciedad de un mundo atravesado por la corrupción y doblegado por el delito en todas sus expresiones?

Seguramente a mis fatigados lectores debe producirles algo de desconcierto esta cantidad de caminos exploratorios a los que debo recurrir para ocuparme de las tragedias y las miserias del Popayán del presente, Pero el precario espacio de una columna de periódico solo permite algo así como pinceladas impresionistas sobre una realidad que por momentos se me antoja inabarcable. Espero no perder ni el deseo ni el entusiasmo de convertir en un libro ,estas y las muchas columnas que aún me restan, para configurar mis imágenes y mis percepciones de la ciudad.