Fundación Semillas de Maíz, recuperando raíces

Con varios proyectos ambientales, la Fundación Semillas de Maíz propone un estilo de vida saludable.

Alejandro Córdoba

Andres070051988@hotmail.com

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Con una clarividencia inexplicable, Edgar Muñoz sabía que el mejor lugar para trabajar en equipo era el campo. Había recogido todas las vivencias de su infancia y pensó que toda su vida quería vivir y trabajar como campesino. De ahí el sueño de crear un lugar donde se pudiera llevar una vida tranquila y saludable.

La Fundación Semillas de Maíz comenzó como la agrupación de una extensa familia de nariñenses, que de talante campesino, le gustó siempre el trabajo en equipo, la solidaridad y el cuidado por el medio ambiente. “Lo que se pensaba era construir un lugar donde hiciéramos reverencia a la vida”, recuerda Edgar Muñoz uno de los promotores de la fundación.

Con esta idea, nace en el año de 1992 la Fundación Semillas de Maíz, enfocada al cuidado de la naturaleza, utilizando el arte como herramienta fundamental para su desarrollo, haciendo propuestas tanto para niños, el medio ambiente y la comunidad. Fue entonces cuando comenzó la construcción de un espacio amable, donde se pudiera vivir en armonía, siendo la ciudad de Popayán el lugar indicado para llevarla a cabo.

Así desde hace 20 años, Edgar Muñoz y un equipo hoy conformado por profesores, médicos naturales y terapeutas, han construido una nueva forma para cambiar el sentir y el pensar de las personas, “la fundación propone un estilo de vida saludable, que incluye a niños, jóvenes y adultos”, menciona Francy Astaíza, representante legal de la Fundación Semillas de Maíz.

Formas alternativas de enseñar

Actualmente la fundación tiene tres proyectos en marcha. Uno que es la ‘Escuela Sembradores’, donde se da una formación ambiental a niños entre 4 y 12 años a través de las artes, como la danza, la pintura, el teatro y la música, como herramienta para sensibilizarlos sobre el cuidado que deben tener con la naturaleza.

“Aquí no se obliga al niño, como en una escuela tradicional, para que venga a estudiar, el viene por su propia motivación. Somos una escuela alternativa, que cuenta con 25 niños y que los atrae el querer aprender más sobre el medio ambiente. El mayor indicador que estamos haciendo las cosas bien, es la asistencia desinteresada de ellos”, afirmó Francy.

Debido a que el arte es una de las propuestas para sensibilizar a las personas sobre el contacto y de la forma como se debe tratar a la naturaleza, se desarrolla otro proyecto llamado ‘Recorrido Ecoartístico’. “Aquí se llevan a grupos de personas a los senderos ecológicos que se tiene en la fundación. También se les da clases de pintura, música, danza, entre otras artes. “Nuestra propuesta es utilizar el arte, generar una conciencia ambiental en las personas”, mencionó la representante legal de Semillas de Maíz

“El arte es como el camino para que ellos vean que es necesario comenzar a trabajar, no para el futuro, sino en el presente sobre las problemáticas ambientales y hacerles ver que no es difícil comenzar a mejorar la situación, si ellos tienen la voluntad”, dijo Hernando Lagos, docente de la fundación desde hace 5 años.

El inipi, un encuentro con el ser

El inipi es una práctica que se realiza desde hace más 400 años, originaria de los indios lakota de Norteamérica, pero que fue implementada por los Muiscas en Colombia, según comenta Alejandro Méndez, quien ha estudiado durante más de 10 años diferentes tribus indígenas del país. Algo parecido a lo que hacen los budistas, con sus productos budistas.

Este espacio ha sido diseñado para que las personas puedan vencer sus miedos, como la oscuridad, la soledad, hasta el encontrarse con sigo mismo. Según Alejandro, “todo se puede curar a través de la meditación”.

“Ésta es una forma de meditar. El sólo espacio te invita a la tranquilidad, al silencio a la conexión. Porque la enfermedad que tiene la humanidad, es que se desconectó de la naturaleza y aquí, es cuando vuelves a su origen, cuando te reencuentras con ella”, finaliza.

Así, el ‘Refugio arco Iris’, el tercer proyecto que desarrolla La Fundación Semillas de Maíz, brinda a las personas un espacio al encuentro espiritual con el medio ambiente a través del inipi y otras formas de meditación y relajación como la aromaterapia. Todo lo anterior adaptado, como noticias budistas y sus procesos relacionados.

Para el futuro la Fundación Semillas de Maíz espera fortalecer los proyectos que están en marcha y seguir poniendo su semillita maíz para que las personas cambien su forma de pensar y sentir con el fin de mejorar su vida y la del planeta.

De esta manera Edgar Muñoz, satisfecho por el trabajo hecho, pero consiente de que aún falta más por desarrollar, afirma de que “lo que se ha hecho hasta el momento es producto de toda una historia que desde hace 20 años, se comenzó a construir con los encuentros familiares y su compromiso con la naturaleza”.