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    Filosofía e historia en 3 actos 

    SEBASTIAN SILVA IRAGORRI

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    La Filosofía y la Historia son apasionantes. Todo ser humano debería revestirse de un barniz con estas emocionantes ciencias. Anteriormente los políticos, tanto en el mundo como en Colombia, tenían un fondo humanista. Los grandes debates en los Parlamentos eran clases de erudición y conocimientos. En Colombia ir al Parlamento a escuchar a Guillermo Valencia, Laureano Gómez, Fernando Londoño, Vásquez Carrizosa, Silvio Villegas y muchos más, de una pléyade de grandes oradores, significaba el encuentro con fuertes y a veces contradictorias situaciones, dudas y afirmaciones de criterios, de carácter filosófico, científico e histórico. Los tiempos han cambiado, hoy se manejan cifras, curvas de crecimiento, proyecciones estadísticas y financieras, en fin, acorde con las realidades y angustias de la modernidad. No se concibe un político que no tenga conocimientos del manejo de las redes sociales y el acceso a todas las posibilidades de Internet.

    La filosofía tuvo una evolución desde la mitología antigua, los Dioses, los Héroes, las Leyendas épicas hasta llegar a buscar la verdad en la propia naturaleza y su comportamiento. De allí siguió la exploración del ser humano y sus diversas actividades en la vida de sociedad. Este transcurso de la forma de ver y explicarse el mundo ha ido acumulando el encuentro con el saber y las causas de la cosas. Ese requerimiento interior, esa mirada profunda de interrogación, ha sido el motor y el impulso para ir descubriendo y resaltando verdades relativas, equidistantes a la verdad absoluta, que para mí está contenida en Dios.

    Desde Tales de Mileto pasando por Heráclito y Demócrito hasta desembocar en los tres grandes, Sócrates, Platón y Aristóteles, el esfuerzo ha sido indagar, explorar y buscar y esto ha configurado un acervo cultural para todos los gustos, pero con el fondo que todos necesitamos, el fondo Humanístico.

    Con la Historia pasa lo mismo, a pesar de grandes y graves tergiversaciones que obedecen a pasiones ideológicas y a veces al desarrollo de aquella cierta frase que afirma que «La Historia la escriben los vencedores a su antojo”. Lo importante es asomarse a la historia con sentido crítico, de observación y de investigación y no dejarse llevar por prejuicios políticos, ideológicos o culturales. Heródoto gran historiador, Plutarco gran narrador en sus «Vidas paralelas», Tito Livio en la Roma antigua y Tucídides en Grecia nos dejaron páginas enteras de hechos, acontecimientos y actos que alumbran la historia humana e iluminan las posibilidades del porvenir.

    Aterrizando en Colombia, debo decir, después de 50 años de terror, que se necesita mucho cuidado para evitar tergiversaciones históricas que terminen absolviendo y magnificando a los Victimarios y culpando a las Víctimas. Tampoco se puede igualar a quienes defendieron el orden público basados en la Constitución con quienes combatieron violentamente al Estado, sus leyes, sus autoridades, sus pueblos y su riqueza ambiental. Esa no puede ser la historia para nuestros hijos y nietos. Esas Comisiones formadas al calor del Acuerdo deben ser muy vigiladas y contrastadas para evitar el sesgo ideológico y la deformación de una violencia que nunca podrá justificarse, pues las balas jamás podrán validar resentimientos políticos. La Historia de Colombia no resistirá aquel enunciado de que “todos somos culpables y todos quedamos absueltos”. En la reconciliación deben quedar en claro los papeles críticos de sus protagonistas, solo así podrá estructurarse el perdón y la Paz con legalidad.

    La Filosofía que indaga las causas, apoya a la Historia, que debe ser notaria de la verdad. Los 3 actos se configurarían: Verdad, Justicia y Reparación. Solo así se cerraría la posibilidad de la repetición, para bien de Colombia.