FAMMA y re-existencia

ANA MARÍA RUIZ PEREA

@anaruizpe

El Carmen de Bolívar huele a mote de queso y a fruta fresca y se mueve a ritmo de gaita y porros de Lucho Bermúdez que suenan en cualquier esquina. Esta capital no oficial de los Montes de María, que comprende 15 municipios entre Bolívar y Sucre, se ha convertido en el centro de convergencia de la memoria y la esperanza del territorio, desde donde se alienta a no desfallecer en el resarcimiento de la dignidad de un pueblo que atravesó el último círculo del infierno por cuenta de la guerra.

Tuve el privilegio de ser invitada como tallerista en el VII Festival Audiovisual de los Montes de María, y la experiencia fue mucho más allá de ser espectadora de un evento cultural. El FAMMA convoca a los colectivos de comunicaciones que se han organizado en municipios y veredas para construir, con la imagen y la palabra, la recuperación de su memoria.

En ese territorio campesino de suaves colinas a las que ellos, hiperbólicos, llaman “alta montaña”, se ha documentado la ocurrencia de 104 masacres entre 1995 y 2007, además de incontables actos de guerra como agresiones sexuales, asesinatos selectivos o bombas explotadas en burros que dejaron más de 1.300 personas muertas y 500.000 víctimas de despojo. “En tiempos de la guerra …” refieren los montemarianos cuando van a narrar algo que sucedió en esa época, una narración que siempre se extiende y para la que es mejor sentarse a escuchar, porque si algo caracteriza a esta gente es que no sabe de monosílabos y cuentos cortos; todos parecen llevar en sus genes el alma del trovador, son contadores natos de historias, se extienden en la palabra como si alargaran un antiguo canto de vaquería.

Por eso, porque el don de la palabra hace parte de su cultura, cuando lo peor de la violencia estaba por llegar, unas pioneras de El Carmen de Bolívar crearon en 1994 el Colectivo de Comunicaciones Montes de María Línea 21 (así, con toda la intención de permanecer en el cambio de siglo), para que más allá de motivar la producción audiovisual en nuevas generaciones, se formara una escuela popular de construcción de paz, reconciliación y defensa de la tierra y los derechos humanos, que alejara de los montemarianos la idea de empuñar un arma para sentirse fuerte, y así, revalorar la civilidad y la convivencia. Allá a esto no lo llaman resistencia, sino re-existencia.

24 años organizando a la gente en torno a la comunicación como herramienta de paz, muestran sus frutos cada año en el Festival Audiovisual. Fui testigo de la manera como llegaron y fueron acomodadas en el pueblo más de 200 personas, niños, jóvenes y adultos pertenecientes a 15 colectivos de comunicación, que trajeron sus productos audiovisuales para ser evaluados por un jurado calificador que entregó estatuillas a cortos y largometrajes documentales y de ficción, a actores naturales y guionistas neofitos, a productores primíparos que después se fueron orgullosos a exhibir su triunfo y seguir explorando el camino audiovisual para rescatar la memoria y la dignidad de su pueblo. El Festival diseñó 11 talleres que se desarrollaban simultáneamente, cada mañana durante 4 días, en los que los talleristas solo dábamos pistas para que los participantes se adentraran en el cuerpo y la palabra como rutas de expresión de sus vivencias, de sus miradas del territorio y de su memoria común. Y de su manera de ver hoy lo que sucede a su alrededor.

Como la guerra no se limitó a los Montes de María y la expresión audiovisual es universal, al FAMMA llegaron colectivos de comunicaciones Wayuu, de San Basilio de Palenque y de las sabanas cordobesas que también se representan a sí mismos a través de la cámara. Hay que ver cómo desde niños de 8 años hasta adultos mayores comparten sus ansias de narrar apropiadamente y la necesidad de expresar con el cuerpo lo que en el alma duele.

Para expandir aun más esta labor de recuperación de memoria, que pasa por las expresiones culturales de la región pero no se agota en ellas, el Colectivo de Comunicaciones está próximo a inaugurar el Museo Itinerante de la Memoria de los Montes de María, un trabajo de museología comunitaria que recoge la historia del territorio. Soraya Bayuelo, directora del Colectivo, define esta nueva aventura como “una plataforma de reparación simbólica desde la sociedad civil sobreviviente, como un homenaje a los ausentes y como espacio para la verdad, la justicia, la reparacion, las garantías de no repetición. Una iniciativa de re-existencia”.

Vivir el FAMMA es un bálsamo en medio de tanto descuaderne nacional. Es otra evidencia de que no se puede flaquear en la esperanza de construir el país en paz con el que todos soñamos. Bueno, casi todos.