En capilla negociaciones con el Eln

FELIPE SOLARTE NATES

lefelsonat@yahoo.com

Sin saber al fin, si la ruptura de negociaciones con el Eln, es definitiva, no hay duda que el no prolongar el cese al fuego bilateral, que duró 101 días, es un golpe para la consolidación del proceso, la tranquilidad de las comunidades de las regiones donde ha operado este grupo y reinó la calma hasta el miércoles 10 de enero, y para su imagen local, nacional e internacional, tal como lo han expresado representantes de diversos grupos sociales, económicos, políticos, analistas y hasta miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, que les recomendaron no levantarse de la mesa en Quito, donde se aprestaban a reanudar las conversaciones, antes que, en la Orinoquia, madrugaran a cometer numerosos atentados contra el oleoducto y la fuerza pública, y el presidente Santos ordenara retornar a Bogotá, al nuevo jefe del equipo negociador del gobierno, el ex gobernador del Atlántico y ex ministro de Defensa, Gustavo Bell.

En el Cauca, como coletazo de la ruptura unilateral del cese al fuego, el gobierno de los Estados Unidos recomendó a sus ciudadanos abstenerse de visitarlo junto a los departamentos del Chocó, Arauca y Norte de Santander, donde su servicio de inteligencia considera que se concentrarán las acciones del Eln, en la escalada de violencia que sobrevendría al fracasar definitivamente los acercamientos logrados en octubre pasado, con el acuerdo del cese bilateral al fuego de tres meses, que a pesar de haberlo propuesto para renegociar las condiciones, por parte del presidente Santos, fue roto unilateralmente por él Eln.

Carlos Velandia ex-integrante del Comando Central del Eln y analistas políticos conocedores de esa guerrilla, como Víctor Correa de Lugo, coinciden en que la ruptura de la tregua obedece a luchas internas al interior de la guerrilla, que en el momento van ganando los de la línea radical y guerrerista encabezada por Uriel, comandante del Chocó y el bloque occidental, a los que se han plegado los demás miembros del Comando Central, COCE, buscando preservar la unidad de la organización guerrillera.

Lo cierto es que el contexto de la ruptura es difícil, pues se da en vísperas de las elecciones de marzo para renovar el Congreso y de las presidenciales, y con mayor razón teniendo en cuenta que en los comicios electorales de hace cuatro años, el Eln saboteó activamente el desarrollo de las elecciones impidiendo el acceso a las urnas en las regiones bajo su control, que en esta ocasión son mayores, al copar, como en el norte, sur y occidente del Cauca, espacios que antes eran de las Farc, y que por demora en el accionar de las fuerzas armadas, fueron invadidos por guerrilleros del Eln, aprovechando la tregua para fortalecerse y reclutando más personal, entre ellos algunos desmovilizados de las Farc, descontentos por las condiciones penosas y la incertidumbre en que se ha desarrollado la desmovilización, y otros porque se acostumbraron a la guerra, según algunos observadores del proceso.

Algunos optimistas recuerdan que durante las prolongadas negociaciones con las Farc, en La Habana, se presentaron dos situaciones similares que fueron sorteadas positivamente, al continuar con el cese al fuego bilateral.

El que esgriman justificaciones para romper el cese al fuego, tales como el pasado ataque a los cocaleros de Tumaco, por parte de la fuerza pública, la continuación de la política petrolera por parte del Estado, la represión a la protesta social y los continuos asesinatos a líderes comunitarios, campesinos e indígenas, observadores como Correa de Lugo, consideran que no son argumentos de peso para seguir la línea guerrerista en contravía de las peticiones de los habitantes de las zonas donde han operado y que sintieron los beneficios de la paz vivida durante los 101 días de vigencia del acuerdo de paz temporal. Además otros observadores creen que la imagen del grupo guerrillero sería altamente perjudicada, pues su fama de manipuladores diletantes de conversaciones eternas e inútiles y guerreristas, que habían logrado disminuir con el anterior acuerdo, los alejaría cada vez más del grueso de la población colombiana, hastiada de 60 años de guerra inútil, que paradójicamente ha fortalecido en el poder a la ultraderecha, y a nivel internacional el Eln, proyectaría una imagen de dinosaurios de las utópicas revoluciones armadas del siglo XX, y que no tiene justificación en la actual situación de apertura en el país.

Esperemos que no rompan definitivamente los acuerdos logrados hasta el momento entre el gobierno y el Eln, para que continúen en Quito, las negociaciones que serán tan difíciles como las de La Habana, con las Farc, pues los ‘elenos’, ante los numerosos tropiezos que los congresistas, los partidos políticos y el gobierno, le han metido a los acuerdos con las Farc, serán más exigentes.