El tiempo entre platos

GUILLERMO ALBERTO GONZÁLEZ MOSQUERA

guialgon@yahoo.com

Raudo se va el tiempo entre los dedos. Así lo expresaba el poema reciente de un buen amigo al presentar su obra lírica. Y así lo vemos cuando la mirada se echa hacia atrás para mirar lo que se ha realizado o dejado de hacer en quince años de Congreso Gastronómico que ya alcanzo la altura suficiente para mirar desde arriba.

Se ve apenas ayer cuando en una Semana Santa de 2002 en la terraza de mi casa de Yambitará, le proponía a la entonces ministra de Cultura, María Consuelo Araújo, que seleccionáramos un lugar y una fecha para debatir lo que sucedía en la gastronomía colombiana como expresión de la identidad cultural de los pueblos. La propuesta cayo en terreno fértil y a los tres meses reunimos en el hotel Monasterio de Popayán en forma abigarrada a trecientas cincuenta personas de todo el país, en el primer congreso que tendría amplia repercusión y contaría con la presencia de numerosas personas que hallarían el lugar adecuado para sus aspiraciones. De allí en adelante pasarían los años, siempre con la característica de avanzar hasta llegar a hoy, cuando se ha convertido el evento en el más significativo para el arte de los fogones en Colombia.

Un grupo de personas prestó desde un principio su colaboración voluntariamente para que la idea fuera realidad y en 2005 la UNESCO reconocería el tesón y la fuerza de voluntad de Popayán para convertirla en la primera ciudad gastronómica dentro de la red global de ciudades creativas.

¿Hemos merecido el titulo? indudablemente que sí.

La mayor parte de los festivales gastronómicos del país son hijos de lo realizado aquí. Han sido movimientos efímeros que un día aparecen y otro no. Pero el modelo de Popayán sigue vigente y cada año se acrecienta con nuevos temas y nuevos actores. Aquí han llegado quince países diferentes que han mostrado el vigor de sus cocinas. Algunas son muy antiguas y significativas. Otras comparten con la nuestra similares orígenes pero se ha conseguido conocer más de una antiguo arte que a través de los medios de comunicación es más apreciado y reconocido. A su vez, el país ha podido mostrar su vigor, sus manifestaciones culturales y el esplendor de sus fogones tratados con rigor y voluntad. Este es el resultado de un esfuerzo conjunto cuya dirección se me encomendó, pero que ha sido luego empujado por quienes creen en la causa. A ellos se debe la gratitud de una ciudad que ya entronizó el evento en su calendario cívico.

En este año tendremos una renovación atractiva con la India como foco central hasta cierto punto desconocido y misterioso. Esperamos que todos en la ciudad y quienes vengan del exterior, rodeen el evento con afecto y sentido de pertenencia. Así habremos acumulado un nuevo motivo para seguir creyendo en nuestra ciudad y congregando a las gentes en una manifestación de alegría deleite y cultura sin antecedentes en la ciudad.