Editorial: Violencia vs. Estado

En los últimos días, la violencia volvió a marcarse con una oleada de crímenes a lo largo y ancho de nuestro departamento. En total, se registraron más de 10 asesinatos en menos de dos semanas, cifra que si la sumamos a lo que va corrido del presente año, ya pasa por el medio centenar de personas asesinadas en diversos hechos violentos.

Infortunadamente, así se impone la inseguridad en titulares y espacios periodísticos en medio de los reclamos de una sociedad que, tras décadas de un sangriento conflicto armado, está verdaderamente harta de estos crímenes y delitos de todos los días.

Ante la cantidad de hechos delictivos y con violencia extrema, los caucanos ya estamos cansados de la ineficiencia, el palabrerío barato y la falta de respuestas de quienes deben enfrentar con políticas y acción esta alarmante situación que nos afecta a todos. Casos similares siguen repitiéndose día a día pero el accionar de las autoridades, tanto civiles como policiales o militares, apenas les hace sombra con mínimos resultados en cuanto a capturas o avance de investigaciones para conocer móviles y autores de los cruentos sucesos.

Y aunque situaciones como el triple asesinado de Caloto (donde dos mujeres murieron), el doble crimen en Balboa, las continuas balaceras en Puerto Tejada y los repetitivos asesinatos en calles de Santander de Quilichao, tienden a ser minimizados por las dependencias oficiales, para nosotros como medio de comunicación es importante mantenerlos relevantes a fin que las indagaciones contra los violentos no se detengan al igual que las medidas preventivas de corto, mediano y largo plazo enfocadas a evitar que hechos de este tipo se repitan.

Negar la gravísima inseguridad que padecemos, y por ende la urgente necesidad de trabajar preventivamente contra este flagelo, es de una inconsistencia intelectual extrema, propia solamente de quienes viven en una burbuja de ficción y engaños.

Nadie soluciona sus problemas, sino empieza asumiéndolos. La negación y la mentira nunca conducen a resultados positivos, y menos si nacen de quienes son responsables de buscar con eficiencia y prontitud respuestas concretas para enfrentar un flagelo como la inseguridad, un reclamo que es de todos.




Son claras y reconocibles las acciones de parte de la institucionalidad; se elaboran planes de seguridad, mayor logística policial, se nota y se ve a diario el esfuerzo de la fuerza pública, sin embargo, la delincuencia sigue golpeando y dañando a la comunidad caucana. ¿Hay fallas en los planes?, ¿Debilidad de las instituciones del Estado? ¿Se ejecutan operativos siguiendo la línea de un diagnostico técnico que nos haya permitido identificar, mapear y enfrentar estos problemas?, ¿Los operadores del sistema penal están actuando correcta y legalmente? ¿Las cárceles rehabilitan a los privados de libertad? ¿Las autoridades competentes están cumpliendo su rol? ¿Los presupuestos para la prevención e interdicción contra el delito son suficientes? Los cuestionamientos de este tipo se suman y podrían ser muchos más.

Así pues que es hora de pensar en planes integrales que contemplen políticas socio-económicas, educativas, culturales, preventivas y de interdicción, y que permitan interactuar a la sociedad con las autoridades y no ocurra como hasta ahora, que se elaboran planes lejos de nuestras miradas y ajenos a nuestra realidad.

Es claro pues que el Estado tiene que copar las áreas donde operaban u operan los violentos. Es una misión que consolidaría la verdadera tranquilidad para muchos de nuestros coterráneos en cualquier punto del Cauca que así lo requiera.