Editorial: Violencia de género y revictimización

Los hechos ocurridos en Bogotá el pasado lunes, donde un energúmeno individuo acabó con la vida de una mujer, quien resultó ser su ex compañera sentimental, en medio de un episodio que incluyó toma de rehenes, deja una preocupante reflexión en el ambiente, relacionada con la poca atención de nuestra sociedad en general para con un problema judicial y social que pareciera haberse salido de control hace mucho tiempo: la violencia de género.

Un caso como este tuvo ‘pantalla nacional’ debido a su poder ‘amarillista’, en principio, e igualmente porque ocurrió en un reconocido centro comercial de la capital de la República. Para otras situaciones similares con epicentro en la provincia, los sucesos solo simplemente se pierden entre las estadísticas oficiales, que solo escanean a manera superficial la problemática, dejando al subregistro en el olvido y la impunidad.

Infortunadamente, hay que decirlo, la violencia contra la mujer en Colombia no para. Esa es una conclusión que se puede deducir cuando se conocen las alarmantes cifras que manejan Medicina Legal y Profamilia. En el 2016, según el más reciente informe de la primera entidad, fueron asesinadas 731 mujeres en todo el país. Pero para ahondar más en la preocupación, Profamilia asegura que según la reciente Encuesta Nacional de Demografía y Salud (Ends 2010), la violencia de género ha afectado al 74 por ciento de las colombianas. Para Forensis 2015, que es un documento en el que Medicina Legal recopiló todas las estadísticas de ese año, se registraron más de 47 mil casos de violencia de pareja en el país.

Volviendo al reciente feminicidio ocurrido en la capital de la República, se conoció que el agresor tenía un portuario criminal con dos asesinatos más en circunstancias similares con otra expareja y en otro centro comercial en el occidente de Bogotá. Lo condenaron a 20 años de prisión pero una supuesta enfermedad mental lo devolvió a las calles y no a un centro asistencial bajo el resguardo del sistema carcelario. Un agravante más en contra de nuestro deformado poder judicial, que al unísono con el Estado, no brindan seguridad alguna para el género femenino.

A propósito del lamentable y triste suceso de Bogotá, traemos a colación uno de condiciones similares en nuestra comarca (de muchos otros que deben haber como subregistro). En el 2009, un ex policía asesinó a puñaladas a su compañera sentimental en una esquina de un barrio del occidente de Popayán. Por esos días los medios conocimos que la víctima había denunciado en la URI de la Fiscalía en repetidas oportunidades, el acoso y las agresiones físicas y verbales que sufría por parte de Cristian Adolfo Sarria. Se espera que este individuo que está en prisión, no salga a la calle tras el pago de algunos años de condena argumentando supuestos desvaríos mentales.

En fin, la sociedad debe entender que las mujeres, al igual que los hombres, pueden vestir como quieran e ir donde deseen, sin que ello se interprete como estar “buscando lo que no se les ha perdido”, ni mucho menos usarlo para justificar las agresiones contra ellas. Y la otra forma de violencia, quizá más común, se origina en el propio núcleo familiar al exigírsele a la mujer comportamientos sumisos ante sus parejas.

Ahora, se destaca que la voluntad política para fortalecer los mecanismos tendientes a prevenir la violencia contra la mujer. Pero la dura realidad de las mujeres se ha encargado de demostrar que es esos esfuerzos son inútiles e ineficaces. Las agresiones continúan y vemos que los casos se multiplican.

Mientras no se aplique con todo rigor la ley la situación no cambiará, antes por el contrario, se agravará aún más. Por lo pronto, la violencia del machismo en Colombia aún es recompensada con la impunidad.