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Editorial: Sobre la violencia contra la mujer

Los recientes hechos ocurridos en nuestra comarca en las últimas semanas, donde tres mujeres, entre ellas dos adolescentes fueron asesinadas, deja una preocupante reflexión en el ambiente, relacionada con la poca atención de nuestra sociedad en general para con un problema judicial y social que pareciera haberse salido de control hace mucho tiempo: la violencia de género.

Casos como estos que terminan causando indignación y rabia, se diluyen de a poco hasta terminar olvidados, sepultados por otras situaciones noticiosas, dejando la problemática latente hasta el momento en que vuelve a suceder, generando nuevamente más indignación y rabia, en un círculo vicioso que se alimenta de la violencia de género, el feminicidio y la intolerancia y que escanea a manera superficial la problemática, dejándola entre las cifras frías del subregistro y la impunidad.

Infortunadamente, hay que decirlo, la violencia contra la mujer en Colombia no para. Esa es una conclusión que se puede deducir cuando se conocen las alarmantes cifras que manejan Medicina Legal y Profamilia. En el 2016, según uno de los reciente informe de la primera entidad, fueron asesinadas 731 mujeres en todo el país. Pero para ahondar más en la preocupación, Profamilia asegura que según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (Ends 2010), la violencia de género ha afectado al 74 por ciento de las colombianas. Para Forensis 2016, que es un documento en el que Medicina Legal recopiló todas las estadísticas de ese año, se registraron más de 35 mil casos de violencia de pareja en el país.

Volviendo al doble asesinato de las dos niños en Corinto la semana anterior, se conoció que el presunto agresor (un jovencito de apenas 17 años) había estado relacionado meses atrás con otro caso de acceso carnal violento. Sin embargo su castigo apegado a la normatividad indígena, no incluyó pena de cárcel ni encierro alguno (mucho menos planes médicos y sicológicos para su tratamiento), retornándolo a las calles para terminar causando una nueva tragedia en dos humildes familias del mencionado municipio nortecaucano. Se conjuga así pues, un agravante más en contra de nuestro deformado poder judicial, que al unísono con el Estado, no brindan seguridad alguna para el género femenino.

La sociedad debe entender que las mujeres, al igual que los hombres, pueden vestir como quieran e ir donde deseen, sin que ello se interprete como estar “buscando lo que no se les ha perdido”, ni mucho menos usarlo para justificar las agresiones contra ellas. Y la otra forma de violencia, quizá más común, se origina en el propio núcleo familiar al exigírsele a la mujer comportamientos sumisos ante sus parejas.

A manera de colofón tenemos que decir que mientras no se aplique con todo rigor la ley la situación no cambiará, antes por el contrario, se agravará aún más. Por lo pronto, la violencia del machismo en Colombia aún es recompensada con la impunidad.

Además, para que esto sirva realmente como disuasión a quienes pretendan hacer a las mujeres víctimas de la violencia o los malos tratos, debe ser conocida suficientemente por la sociedad y por las autoridades judiciales que deben ser drásticas en aplicarla.

El Nuevo Liberal, al igual que los habitantes del Cauca, espera que este y los demás casos queden resueltos, pero sobre todo, que no se repitan.