Editorial: Sobre el crecimiento urbano y el POT

El crecimiento de los municipios en Colombia y los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) se convirtieron en noticia central, no por historias beneficiosas para la comunidad, como debería de ser, sino porque se han venido detectando irregularidades tendientes a cambiar el uso del suelo, de un día para el otro, para favorecer a terceros sobre terrenos ubicados en zonas rurales y con vocación agrícola.

Sobre el papel y bajo un desarrollo municipal consecuente y ordenado, este tipo de actuación legislativa forma parte del crecimiento de las urbes y poblaciones desde la primera revolución industrial. Sin embargo, algunos individuos detectaron que desde toda esa discusión, que incluye gran cantidad de estudios y análisis relacionados con las llamadas ‘cercas’ de los municipios, se podría sacar provecho personal para terminar enriqueciéndose a costa de terrenos cuyos avalúos, por cuenta de las nuevas reglas urbanas, se incrementaron desproporcionadamente.

Para el caso de Popayán, tenemos que decir que su crecimiento se ha dado en forma desordenada, en proporción tal que rebasa toda la infraestructura existente y por eso, día a día se multiplican sus problemas, desbordando toda posibilidad de solución que acometan las autoridades y haciendo que éstas solo alcancen a mal atender los cuadros de crisis, sin lograr implementar aquello que científicos sociales llaman “la ley de la anticipación”.

La Popayán de hoy tiene grandes problemas, no todos generados en la actual administración, tales como: hacinamiento, congestión vial, ruido, inseguridad, basuras, los automotores son los tiranos de las vías y los motociclistas aportaron a la llamada máxima del “quite de ahí que aquí voy yo”.

A lo anterior se suma el que nuestra ciudad, tras el terremoto de 1983, en su proceso de reconstrucción y crecimiento no ha logrado mantener la forma, entendida no solo como espacio físico – arquitectónico. Se desmoronó el lugar que tenía asignado cada modo de proceder, se rompió la red invisible que estructuraba la vida en comunidad, lo cual llevó a que la ciudad deseable se nos fuera de las manos.



El crecimiento desordenado de Popayán permitió (creemos que aún lo permite) que por doquier se explanaran terrenos para luego ser usufructuados de manera irregular sin permiso alguno y tendientes a la construcción de vivienda de interés social; que áreas destinadas para el desarrollo de proyectos para el saneamiento básico terminaran ‘de vecinos’ de un gigantesco proyecto de vivienda y que las zonas verdes y áreas públicas enfocadas para el bienestar y recreación de los ciudadanos escasearan.

La Popayán deseable, aquella que como ‘villorio’ tuvo normas invisibles de conducta, sistemas de orden que la hacían una ciudad tranquila y ordenada, vive actualmente la descomposición de su planeación urbana. Y hasta ahora, los últimos Planes de Desarrollo han sido cortoplacistas, miopes y lo peor, sin continuidad entre sí. Así pues, desde esta tribuna de opinión nos comprometemos a vigilar el desarrollo legislativo de esta herramienta urbana, de la que esperamos trasparencia y buen juicio de quienes tienen el deber y la responsabilidad de sacarla a flote en el 2018.

Es por ello, que un análisis detallado del POT en nuestra capital es más que necesario y queremos entender desde esa premisa, la notoria tardanza tanto del Concejo como de las autoridades municipales para llevar a cabo toda esta tarea. Esperamos que todo ese tiempo usado y enfilado para dar a luz un nuevo POT expanda, como debe ser, los cercos urbanos del municipio de Popayán.

FE DE ERRATAS: lamentamos profundamente el error de impresión cometido en nuestra edición del jueves 27 de julio de 2017, página 7, cuando pusimos el nombre de JAIME BONILLA MEDINA en el gafete correspondiente a la columna de PALOMA VALENCIA LASERNA. Ofrecemos disculpas tanto a nuestros dos columnistas como a todos nuestros lectores.