Editorial: Noticias falsas, un fenómeno de ‘verdad’

El periodismo desempeña un papel esencial para la sociedad: llevar al público noticias confiables y darle información verificada para que pueda formarse una opinión propia.

Cada día, las noticias nos brindan una base para el diálogo y el debate y nos permiten tomar decisiones informadas sobre los asuntos que nos afectan. Este proceso contribuye a forjar nuestra identidad, nos ayuda a entender el mundo y contribuye a generar cambios significativos para construir un futuro mejor.

Sin embargo, en la actualidad quienes producen noticias hacen frente a varios desafíos. Las noticias confeccionadas a partir de una investigación rigurosa y con datos verificados compiten contra contenidos compartidos en redes sociales que a menudo están muy lejos de apegarse a estándares periodísticos de calidad. Es en las redes sociales donde más vemos que el número de clics y la supuesta primicia predominan sobre las noticias y los comentarios debidamente verificados. Todo ello complica todavía más la defensa de la libertad de prensa, la cual continúa siendo reprimida injustificadamente en varios lugares del mundo.

Las noticias falsas no son un fenómeno nuevo. Han hecho presencia en los medios de comunicación desde hace mucho tiempo. Nunca han podido ser cortadas de raíz. Se divulgan como si fueran ciertas, engañan y manipulan la conciencia pública, hacen que el conglomerado crea que es veraz algo que es mentira, o que demerita a alguien o a algo, o que es injurioso, calumnioso o divulgan con fuerza datos inexistentes para volverlos “ciertos”.

Lo que en el siglo XXI hace que todas las miradas se centren en ellas es el que por la proliferación de medios nuevos y masivos de comunicación como los mensajes a través de Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp u otro medio similar, estas se multiplican de manera inconmensurable y velozmente alteran en forma sustancial el juicio colectivo, causando un daño grave.

Desfigurando hechos, se ha manipulado a la opinión, haciendo que millones de ciudadanos hayan tomado decisiones cuestiobales en asuntos fundamentales para el porvenir, sosiego y bienestar de varios países. Por ejemplo, fueron determinantes en actos electorales sustantivos como ocurrió en Gran Bretaña en el brexit y en las elecciones presidenciales de 2016 en E.U., Twitter admitió que cuentas de propaganda impulsadas por Rusia llegaron a 288 millones de impresiones.

Se considera que en el planeta, en 2022 habrá más noticias falsas que verdaderas para el consumo del público. El hecho asusta, en especial por saberse que, hasta ahora, no hay técnica eficaz para neutralizarlas.

Las noticias falsas, eficaz herramienta de desinformación, han logrado disminuir la credibilidad en los medios de comunicación.

En Colombia, el problema genera gran preocupación pues ellas serán protagonistas de primer nivel en las campañas electorales que habrá en 2018 y pueden ser determinantes en los resultados en las urnas.

¿Qué hacer, que sea eficaz, ante un problema ético de tal dimensión? ¿Bastará con el propósito que tienen los medios de comunicación serios de que toda información sea verificada y confirmada antes de divulgarla?