Editorial: La brecha por el salario mínimo

Editorial: La brecha por el salario mínimo.

El argumento más frecuente para insistir en que el porcentaje de aumento del salario mínimo no puede ser muy alto es que traería un incremento del desempleo y un alza de precios. Las cifras parecen confirmar esta afirmación, pues en los últimos cuatro años en que el aumento del salario rodea la inflación esperada -superándola levemente o por debajo de ella-, esta se ha reducido mientras el empleo crece o se mantiene estable.

Pero si nos vamos muchos años atrás, la constante ha sido limitar ese aumento, y ello ha estado acompañado de alto desempleo y altos precios. Ocurre que la dinámica económica no funciona de manera tan directa como lo sugiere este argumento, y en el cálculo de aumento salarial entran en juego otras variables como la productividad.

En realidad, desde hace ya más de 10 años, el aumento se define teniendo en cuenta el IPC, la meta de inflación para el siguiente año, el incremento del PIB, la productividad de la economía e inclusive la contribución de los salarios al ingreso nacional.

En este asunto, ambas partes tienen razón: los trabajadores porque el salario mínimo no alcanza para cubrir las necesidades básicas de una familia y los empresarios porque los costos laborales se multiplican exponencialmente con cada incremento.

En alguna oportunidad, un periodista especialista en Economía comentaba en una columna de prensa, sobre un proyecto presentado por el entonces presidente de los Estados Unidos al Congreso para incrementar el salario mínimo en un porcentaje alto, porque los bajos salarios en ese país habían elevado la desigualdad, y según el Pew Center, para comienzos de la presente década, el 1 por ciento de la población recibió el 22,5 por ciento del ingreso y el 90 por ciento menos del 50. Si en el país que representa el paradigma del desarrollo y la prosperidad a través de la clase media, la situación es así de crítica, ¿qué se puede esperar en Colombia?

A finales de 2015, el aumento del salario mínimo en nuestro país fue del 7 por ciento. Para el próximo año, la propuesta de los empresarios -con una propuesta de unidad entre gremios- es disminuir hasta un porcentaje que bordea el 5% por ciento, cifra que aseguran es consecuente con la productividad de los trabajadores y el preocupante crecimiento económico de nuestro país.

Los trabajadores hablan del 9 por ciento, inconcebible si se quiere mantener el equilibrio de los indicadores macroeconómicos que tienen a Colombia con una economía que goza de buena salud, aunque se necesita aumentar el consumo interno y esa masa crítica sólo se logra con mejores salarios. Seguramente no podrá lograrse un acuerdo entre empresarios, trabajadores y Gobierno, como ha ocurrido desde hace ya muchos años, y el presidente tenga que fijar el aumento por decreto.

Lo importante es que el crecimiento económico y la estabilidad que han sido posibles gracias al manejo de tales indicadores empiece a ser de beneficio para toda la población colombiana y no sólo para una minoría cada vez más reducida que acapara más ingreso. Y sobre todo, es preciso que se abran más oportunidades de emprendimiento, no solo para crear microempresas, sino para garantizarles mercado.