Editorial: Inseguridad, más que percepción

La inseguridad se ha tomado las calles de los barrios periféricos de Popayán, y la comunidad está desesperada porque han aumentado los robos a residencias y los atracos, y aunque también han aumentado las capturas, estas no han logrado reducir la sensación entre la gente de que sus vidas corren peligro diariamente cada vez que están fuera de sus casas y aún dentro de ellas. Y no es tapar el sol con un dedo, argumentando desde la oficialidad, con frías estadísticas, sobre una supuesta baja que ningún ciudadano siente. Es preciso reconocer que este es un problema que en cualquier momento puede salirse de control.

Además, escenas que se vuelven virales en Internet como la vivida el domingo anterior en el sector de El Dean, al suroriente de la capital caucana, simplemente refuerzan la grave percepción de inseguridad que a diario expresan quienes residen en la capital caucana.

Y para agravar dicho sentimiento casi comunitario, los estrados judiciales se encargan de dejar libres a aquellos que son detenidos, porque no se cumplieron las normas formales y la ciudadanía tiene la creencia de que es inútil denunciar y sus vidas quedan en riesgo para siempre. Agreguémosle, la tortuosa tramitología en el aparato judicial local, tal como lo dejó ver un reconocido periodista de la ciudad, víctima de un asalto callejero, quien dijo que demoró más de 7 horas para instaurar el denuncio en la URI.

Recientemente, los mototaxistas de la ciudad se mostraron preocupados por el rumor de que en la ciudad se restringiría el parrillero en un gran sector de la ciudad. La idea era mejorar la movilidad y bajar los índices de delincuencia, pero la Alcaldía lo ha desmentido; eso sí, dejando en el tintero dicha propuesta como una alternativa para aplicarse en cualquier momento.

Eso tranquiliza a los mototaxistas y preocupa a quienes creen que la inseguridad generalmente viaja en moto, de manera que cuando se les impide transitar, disminuyen los asaltos, robos, atracos y asesinatos. Por ahora, la prohibición del parrillero rige únicamente en el Centro Histórico. Y todo indica que, por ahora, la Alcaldía no está pensando en extender esa medida a otras zonas citadinas, pese a que el consenso sobre tal prohibición divide la opinión en nuestra capital.

En un sondeo realizado por este medio más de la mitad de los consultados está de acuerdo con la medida, mientras los restantes quieren que la restricción solo cobije a los sectores donde se está aplicando.

De todas maneras, la inseguridad es asunto de todos y todos debemos colaborar para que la ciudad no caiga en sus garras.

Debemos denunciar los delitos y por muy alta que sea la tentación, evitemos tomar la justicia en nuestras propias manos.

Como lo hemos dicho en reiterados escritos editoriales, las ayudas tecnológicas como las cámaras de seguridad proporcionadas por el Gobierno nacional, son invaluables. Pero es necesario también que los patrullajes de la policía en todas las calles aumenten.

La gente desea fervientemente éxitos en el restablecimiento de la seguridad ciudadana, evidentemente, creemos que es una ardua labor y es normal que generen discrepancias, críticas y señalamientos, pero al fin y al cabo, con sensatez y ponderación se tratará de buscar soluciones a los graves problemas que se afronta, en vez, de tener objeciones estrechas que nada tienen que ver con las angustias y los anhelos de la sociedad.