Editorial: Espacio público ¿eterna problemática?

Para muchos un mal menor, la verdad es que la invasión al espacio público se convirtió en una de las contravenciones que más caras tiene, y que más cara le sale a Popayán.

Esta es una problemática que se visibiliza mucho más en la temporada decembrina. Llega el fin de año, año tras año, y el problema continúa igual: la ciudad, según se aprecia a simple vista en varios de sus sectores, sigue siendo desordenada, sin una orientación clara, sin querientes que la protejan. El paradigma de la informalidad parece parte fundamental de la genética social y para ser justos, no se limita a los estratos bajos y pobres, sino que atraviesa todos los sectores en mayor o menor grado.

Pero, más allá de que los sucesivos gobiernos hayan sido descuidados o diligentes en la lucha contra tal manifestación del desorden urbano, lo cierto es que la tendencia a ocupar ilegalmente los espacios colectivos está arraigada en el corazón y la conciencia no solo del ciudadano raso, pues el asunto parece no tener estrato ni condición intelectual. Al parecer, se trata de otra de las manifestaciones del oportunismo y del individualismo que nos caracterizan.

No se pueden negar los enormes esfuerzos de la Administración Municipal en los últimos años para despejar lugares vitales para el orden urbano y para la movilidad. Enumeramos la apertura del centro comercial El Empedrado, el despeje de los alrededores del Anarkos, el desalojo de varias calles en inmediaciones de la plaza de mercado de La Esmeralda, entre otros logros que son visibles a simple vista. Pero es evidente que no ha sido posible el ejercicio constante y fuerte de la autoridad para que los lugares despejados con tanto esfuerzo no vuelvan a ser invadidos por nuevos vendedores, los comerciantes informales que habían sido despejados o incluso, por algunos formalizados que no tienen reparo en exponer avisos o mercancía en las aceras para promocionarla.

Como síntoma, y esto es insoslayable, hay que recordar que el aprovechamiento informal del espacio público también es una consecuencia de la eventual falta de oportunidades educativas o en el mercado laboral, sin embargo, aunque el trabajo informal en espacio público es oportunidad para cualquier ingreso, lo cierto es que se ha convertido en escampadero para quienes no desean ninguna instrucción educativa adicional o, en una espontánea conformación de un grupo muy cohesionado con unas peticiones inamovibles que no están dispuestos a negociar ahora como tampoco lo estuvieron en tiempos electorales.

Esto último, es lo que más dificultades puede presentar frente a las acciones no tan continuas emprendidas por la Alcaldía en calles donde el problema ya está generalizado y que va paralelo con el desmonte de vallas como medida de recuperación del espacio público. ¿Será capaz la actual administración pese a la buena intención que tienen en esta tarea, cuando hay tanto terreno y tanto aire cedidos a manos de la informalidad, de hacer de la ciudad un modelo de descontaminación espacial y visual?

Es necesario que la próxima Administración municipal invierta en soluciones para tantos ciudadanos que invaden el espacio público en una desesperada solución de rebusque como respuesta a la falta de empleo en la ciudad. A lo anterior hay que agregarle la necesidad de iniciar programas educativos, no campañas cortas, que promuevan respeto y cariño por la ciudad. Necesitamos formar ciudadanos generosos, respetuosos, solidarios con la ciudad y sus conciudadanos. Es ésta, una tarea que nuestros dirigentes deben orientar.

Seguiremos insistiéndoles a las administraciones municipales para que les presenten a la ciudadanía, soluciones pensadas y a largo plazo sobre este problema.