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Editorial: Eln, ¿táctica contraproducente?

Ha sido de conocimiento general que para negociar con un enemigo armado, es indispensable debilitarlo hasta forzarlo a hablar de paz porque seguir peleando le resulta demasiado costoso. Esa fue y sigue siendo la estrategia del Estado colombiano para lidiar con sus guerrillas y hasta con los demás grupos armados irregulares, llámense paras o bacrim. A las Farc les salió costosa la confrontación a partir del gobierno de Álvaro Uribe, incluyendo el periodo cuando Juan Manuel Santos fue ministro de Defensa. En varias acciones de inteligencia y ataque el Gobierno dio de baja a importantes mandos de las Farc como ‘Martín Caballero’ y muchos más. ‘Alfonso Cano’, comandante de las Farc, y el ‘Mono Jojoy’, fueron dados de baja con Santos ya en la Presidencia.

Esta estrategia perdió mucha efectividad cuando las fronteras con Venezuela y Ecuador no solo se volvieron porosas, sino que los guerrilleros tenían allí un asilo consentido y asistido por los gobiernos de esos países. No se puede olvidar que “Raúl Reyes” estaba en territorio ecuatoriano cuando fue dado de baja por las Fuerzas Armadas de Colombia mediante la operación Fénix. Esa estrategia demostró a las Farc que el momento para tomarse el poder por las armas había pasado no solo en Colombia, sino en todo el continente. La teoría del foquismo de Guevara, divulgada por Regis Debray, se volvió obsoleta rápidamente.

Hoy, sin embargo, parece que el Eln le hubiese volteado las tablas al Gobierno aplicándole su misma medicina. No bastaron las constantes violaciones al cese al fuego bilateral que duró tres meses y terminó a comienzos del 2018. Durante ese periodo asesinaron líderes sociales, atacaron otras fuerzas y violentaron poblaciones en el Chocó. Ahora, cuando supuestamente se aprestaban a retomar los diálogos en Quito, Ecuador y tras una oleada de ataques a la infraestructura petrolera y a las fuerzas armadas en Arauca, cometen una sangrienta masacre en un popular barrio de Barranquilla, asesinando 5 policías y dejando heridos a más de una decena.






¿Será que esta es la mejor estrategia que puede exhibir este grupo armado ilegal?; el atentar contra a oleoductos y contra militares y policiales para llegar pisando fuerte al Ecuador, y tratar de doblegarlo así para obtener condiciones más favorables en la mesa de negociaciones.

Según esa lógica equivocada del Eln, la respuesta del gobierno no podría ser otra: la suspensión de las negociaciones hasta nueva orden y según el presidente Juan Manuel Santos, “hasta que no vea coherencia (…) entre sus palabras y sus acciones.

Infortunadamente todo parece indicar que las negociaciones van a estar fuera de línea por muchos días. Mucho más cuando se aproximan dos procesos electorales que de seguro el grupo armado ilegal intentará sabotear a toda costa, en busca de réditos políticos hacia una eventual restitución de la mesa de Quito.

¿Será entonces que los ‘elenos’ pondrán a pendular esa espada de Damocles sobre la cabeza del alto gobierno? Si es así, al Estado no le queda de otra que actuar rápido y con contundencia contra el Eln so pena de exhibir debilidad o incapacidad abriéndole poder de negociación de los elenos, mientras el Gobierno se desacreditaría aún más.