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Editorial: El mercurio, ¿lucha perdida?

El neurocientífico Rodolfo Llinas afirma que “en Colombia las cosas se hablan pero casi nunca se hacen”. Si en algún campo ello se ajusta al actual estado de cosas, es en el de la lucha contra el uso de mercurio en la explotación minera.

En 2013, mediante Ley, se implementó el Plan Nacional de Mercurio con el objetivo de erradicar su uso en los procesos industriales y productivos en un plazo de 10 años y en minería, en 5 años. Así, en julio de este año debe estar eliminado el uso de tal metal de la minería, pero como aquí las leyes se obedecen pero no se cumplen, poco se ha hecho para ello.

En abril de 2016 debía haberse realizado el registro de usuarios de mercurio, pero a esta hora, solo cerca del 4% de ellos se han inscrito. Las principales regiones mineras son Antioquia, Chocó y Nariño; en ellas se han identificado 318 puntos de emisiones de mercurio pero solo se han inscrito 13 de ellos. Antioquia tiene el 46,6% de la participación en la minería aurífera, solo una mina se ha inscrito. Por el Cauca hay que buscar mejor estadísticas en el subregistro porque los buldozeres, retroexcavadoras y maquinaria de todo tipo, no se sabe cómo, llega a zonas acuíferas para extraer sin control alguno, oro. Y por supuesto, el uso del mercurio pulula, envenenando ríos y de paso, a comunidades que hace uso de esos afluentes para abastecerse de agua.

Pareciera que los gobiernos y las autoridades regionales, fueran cómplices en su silencio del arrasamiento de nuestras montañas, de la contaminación de nuestros acuíferos y la degradación de nuestros suelos.

En el país no hay un registro único de importación y/o compra de mercurio. Las autoridades ambientales no han hecho una evaluación completa de las emisiones de mercurio, ni estudios de liberaciones de éste al suelo y al aire, pese a que sus efectos más contaminantes son las emisiones al ambiente. Hace 17 años no se cambian los límites de emisiones atmosféricas de mercurio y no hay normas sobre el máximo de mercurio permitido en el suelo.

Ello contrasta con el hecho de que acabar con el mercurio es la segunda deuda con la salud de los colombianos y con nuestro medio ambiente.

El mercurio, al entrar en contacto con las bacterias del ambiente, se vuelve metilmercurio, que es altamente tóxico. Y para muestra un ejemplo por fuera del Cauca (porque en nuestra comarca pocos estudios hay sobre el tema). En los lechos y cuencas de los ríos Atrato y Quito hay mucha explotación minera. Allí vive la población más pobre del país, ella tiene un 98% de necesidades básicas insatisfechas y el 90% de quienes moran en dicha región están intoxicados por mercurio, que contamina peces, flora y en los seres humanos causa daños intrauterinos, en el cerebro y el sistema nervioso.

Así, se habla pero muy poco se hace.