Editorial: El ‘gota a gota’, préstamos que crecen sin control

La historia de dichos prestamistas en Popayán no es nueva. Hace tiempo que algunas personas que cuentan con algún capital económico, se valen de este para sacar provecho a costa de la necesidad de los demás y brindar un supuesto servicio generalmente a quien por su estrato o nivel socioeconómico no le prestan en una entidad bancaria. Entre el 20 y 25% se cobran de intereses de acuerdo con el monto prestado en promedio, los cuales se recogen a diario y a domicilio.

Gentes en especial de estratos bajos son los que se valen de este método de usura, quienes literalmente sufren a diario para conseguir los recursos necesarios para cancelar tan solo los intereses. Incluso, se han conocido casos de pequeños comerciantes que han tenido que cerrar sus negocios cuando se ven abrumados por los ‘intereses de mora’ de una determinada deuda, de la que se valieron supuestamente para intentar salvar su pequeña tienda, o ferretería, o droguería… en fin, el establecimiento con el que intentaban sobrevivir junto a sus familias.

Lo que quizás es nuevo y hasta el momento no ha tenido la debida atención de las autoridades, es el modus operandi que han asumido dichas personas encargadas de cobrar, las cuales utilizan métodos dignos de criminales, sobre todo con población vulnerable y quienes viven el difícil día a día y tienen que hacer uso de los prestamistas “gota a gota”, con el fin de prolongar su estadía en una pensión, pagar un recibo, o simplemente tener para comer por una semana.

El Nuevo Liberal en repetidas ocasiones ha puesto en evidencia el accionar de los famosos “gota a gota” en Popayán, quienes cuando les incumplen con alguna cuota, marcan puertas con mensajes intimidantes, amenazan vía telefónica, decomisan motocicletas y otro tipo de bienes, y en el peor de los casos terminan violentando físicamente a la persona que les debe. A pesar de que las autoridades han rechazado que aquí exista una casa de cobro, sí se han conocido casos graves, y difíciles de creer, como aquellos en donde el encargado de cobrar, acompañado de dos escoltas, tiene la potestad de visitar en el trabajo a su cliente en pleno día de quincena y con tarjeta en mano retirar el dinero del cajero personalmente. Además de explotar a una persona necesitada, y cobrarle hasta tres y cuatro veces más por el dinero prestado, el tema de los prestamistas, se ha convertido en una especie de bandas de crimen organizado, las cuales terminan por enfrentarse entre sí, por el control del negocio, desencadenando otro tipo de problemas y delitos, y en otro tipo de casos, la muerte de los mismos cobradores, a manos de sus deudores.




Frente a este flagelo, el problema radica en que la gente no denuncia porque necesitan el préstamo, y también porque les da miedo las represalias. No obstante, el llamado de atención que queremos generar desde aquí, además de ir hacia las autoridades, también debe llegarle a aquellos que hacen uso de estos préstamos.

Hoy en día existen fundaciones y cooperativas, e incluso bancos que otorgan créditos con menores tasas de interés, y con facilidades de pago, que bien pudieran hacer uso sin tener que recurrir a dicha modalidad.

Al prestamista gota a gota no se le acaba el jugoso negocio porque aún hay gente que les paga la gana, y aunque sea por extrema necesidad, no es justificable pagar tanto más de lo comido, y mucho menos poner en peligro la vida.