Editorial: Educación y prudencia en las vías

El pasado lunes fue una jornada trágica en las vías de la capital caucana. En menos de 15 horas, dos personas perdieron la vida y cuatro más quedaron heridas, dos de ellas de consideración en dos accidentes de tránsito. En uno de los incidentes, al parecer el consumo de bebidas embriagantes tuvo alguna relación. Ese caso se presentó en la mañana del lunes en el barrio Retiro Bajo, al suroccidente de Popayán, donde el conductor de una camioneta arrolló a un motociclista, su parrillero y a un peatón. El hombre que conducía la moto falleció. El otro suceso tuvo lugar en la noche en Bello Horizonte, al norte de la ciudad cuando un motociclista se llevó por delante a una mujer peatón que posiblemente no tomó las precauciones necesarias para atravesar la transitada autopista.

El tema de los accidentes tiene que ver netamente con la responsabilidad y la prudencia de quien conduce y de quien camina buscando llegar a su lugar indicado. Y aunque sea necesario alertar a las autoridades correspondientes con el fin de solicitar acciones y estrategias que permitan reducirlos, el llamado principal debe ser para los conductores y peatones.

No hay una sola semana en que nuestro rotativo y los distintos medios de comunicación de la región no registren accidentes de tránsito en las maltrechas vías payanesas. Vehículos particulares, buses de servicio público, camiones y en la mayoría de casos motocicletas, fácilmente se ven inmersos en siniestros que dejan heridos o en el peor de los casos, víctimas mortales.

En Popayán, los accidentes se deben, en su gran mayoría, a que todo el mundo quiere hacer lo que le da la gana y al riesgo de la velocidad con la que muchos circulan por las vías más transitadas. También, a la mínima prudencia de algunos ciudadanos que piensan que al atravesar una calle el vehículo automotor debe detener su marcha para permitirles el paso.

Ahora, es casi perceptible que el afán de algunos conductores que intentan ir, por encima de los demás, hace no solo que provoquen accidentes en las intersecciones clave, sino que propician trancones que tienen la movilidad local en niveles bajos.

Para equiparar en algo este escrito editorial, tenemos que decir también que varios puntos de la autopista norte deberían tener pasos peatonales, ya sea con semaforización especial o con puentes peatonales. En tal sentido, se debe reconocer que la principal arteria vial de la ciudad, que une el sur con el norte, tiene alto flujo de tránsito que la hace potencialmente peligrosa para quienes tienen que atravesarla caminando.

El reto entonces de reducir los accidentes en nuestra ciudad, porque infortunadamente las estadísticas son altas. Habría que empezar por ejercer debidamente el principio de autoridad. A eso deben agregarse la óptima formación de los conductores y las campañas educativas dirigidas a usuarios del transporte público y a peatones, de manera que sean plenamente conscientes de los riesgos derivados de no observar las señales y acatar las normas de tránsito.

¿Es tan difícil acostumbrarnos a respetar las señales de tránsito, a no consumir alcohol si vamos a manejar, a ceñirnos el cinturón de seguridad, a controlar el vehículo antes de salir a las rutas, a no sobrepasar la velocidad indicada, a ser prudentes al atravesar una vía, a usar los puentes y pasos peatonales? Cumplir con estas indicaciones y todas aquellas que han sido elaboradas para protegernos, es un símbolo de algo mucho más profundo: de que nos importa la vida humana.