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Editorial: Cultura ciudadana, nota en rojo

La falta de cultura y civismo en Popayán no es un tema nuevo. Infortunadamente, los residentes de la Ciudad Blanca de Colombia hace muchos años se acostumbraron al mal comportamiento en las calles, a las conductas reprochables, a la ley del más vivo, y ningún gobierno municipal ha sabido hacer frente al tema. Eso sí, como siempre lo advertimos, ese mal comportamiento no es de todos; regularmente es una minoría que se escuda en la noche o en los grupos para cometer toda clase de fechorías.

Ejemplos no son pocos. Entre ellos, los bienes públicos, que equivocadamente muchos piensan que no tienen dueño, siendo que por su carácter comunal son de propiedad de todos, por lo que somos el gran conglomerado quienes debemos cuidarlos como los más preciados de nuestros patrimonios. Ellos son todo el equipamiento municipal, en los que entre otros se cuentan los parques, los faroles, las bancas de los espacios públicos, semáforos, calles y avenidas, glorietas y toda una serie de infraestructura que solo busca hacer más amable a la ciudad.






Pero parece que no hemos tomado conciencia respecto de la sutil simbiosis entre deberes y derechos, que como ciudadanos tenemos frente a la infraestructura pública y vemos cómo el vandalismo registra su accionar en las noticias de apertura de los programas noticiosos más importantes de la ciudad y por su puesto en este, el periódico más importante de la región.

La cultura ciudadana, ese conjunto de costumbres, reglas, acciones y actitudes que los individuos de una comunidad deben observar para que puedan vivir en armonía, implica el cumplir normas, ser tolerantes, respetar los espacios públicos, colaborar con la autoridad.

Sin embargo, a muchos en nuestro medio les atrae la cultura del “atajo”, tejido de conductas erróneas que van desde el irrespeto e inobservancia de las señales y normas de tránsito, el botar desechos en las vías públicas, el irrespetar y agredir a la autoridad, el creer que en la ciudad y en los espacios públicos todo se puede, la intolerancia, la destrucción de mobiliario urbano, etc., hasta la incivilizada agresión física.

Esa falta de cultura ciudadana tiene otro componente, la incapacidad de la autoridad de hacer cumplir las normas e imponer civilizadamente su investidura. La intemperancia y el irrespeto ciudadanos se hunden y son consecuencia, en el fondo, de añosas conductas laxas,“manoseos” y pequeños actos de corrupción en que incurren algunos funcionarios públicos.

En Popayán, más de un ciudadano se ha “apropiado” del espacio público y reacciona violentamente cuando se le exige respetar tales bienes (aunque tenemos que decirlo, también algunas instituciones públicas). Cada cuadra, cada semáforo, cada acera, cada sitio de parqueo, tiene “dueño”. Esto no puede ni debe seguir así.






Torpemente, cuando hay un incidente entre autoridades e invasores de espacio público, hay “mirones” que tercian a favor del infractor. Con tal proceder se da pasaporte a más violencia, a más caos, a más anarquía. Y muchos de los que aplauden tales procederes, a poco andar se quejan del pandemónium en que se ha convertido la ciudad.

Hay que frenar esos procederes. Debe implementarse una amplia, profunda y estructurada campaña de educación ciudadana para luchar contra tales actitudes. Solo así habrá futuro en nuestra ciudad.