Editorial: Aprender del poder de la naturaleza

El Pasado fin de semana la comarca se estremeció con la noticia sobre la caída de una descarga eléctrica atmosférica en plena prueba para parada militar en el cantón al norte de la capital caucana.

El hecho que dejó más de 30 soldados lesionados, se suma a una gran cantidad ocurridos a lo largo de este 2017 en territorio caucano y que en saldo han dejado más de 12 muertos y cerca de 30 heridos.

Todas estas recientes tragedias y muertes causadas por los rayos nos recuerdan lo vulnerables que somos frente a fenómenos de la naturaleza, como éste. Sin embargo, muchas veces se desconoce lo que hay detrás de estas descargas eléctricas, cuya rama de estudio dentro de la meteorología se denomina ceraunología.

A manera de lección, tenemos que decir que los rayos son producidos por pulsos electromagnéticos, es decir emisiones de alta energía en un corto período de tiempo que van acompañados de una gran emisión de luz cuando la corriente generada interactúa con las moléculas del aire y produce iones (átomos o moléculas cargadas eléctricamente), generando el relámpago.

No son pocos a quienes esta historia ha llevado a preguntarse sobre qué tan grandes son las posibilidades de que un rayo alcance a los seres humanos y cuál es el contexto necesario para que esto suceda.

Se dice que el cálculo de probabilidades de ser impactado por un rayo es variable y hay quienes consideran que estas pueden ser de una en dos millones. No obstante, expertos como el estadístico británico David Hand sitúan las chances de sufrir estos accidentes en una entre 300 mil.

Por lo general no se reportan casos de este tipo en las ciudades, debido a la presencia de estructuras altas, siendo la mayoría de estos registrados en áreas abiertas o rurales. Casi siempre, las víctimas se encontraban en la intemperie.

Es claro que todo este conocimiento no es manejado cotidianamente por el grueso de las personas y pese a que muchas de ellas que viven en el campo tienen algo más de manejo sobre el tema, pues también son víctimas de este tipo de accidentes atmosféricos. Por lo menos así lo reflejan las estadísticas de este 2017, en donde las mayores afectaciones con personas ocurrieron en zonas rurales, incluyendo dos siniestros donde murieron tres militares, uno al norte y otro al sur del Cauca.

Ahora, pese a que este tipo de hechos entran en el rango de accidentes y que el más reciente ocurrido en Popayán fue catalogado como ‘rayo seco’ (no había lluvia según el comunicado de la institución castrense), por lo menos aguardamos que quede como una notable experiencia para los mandos del nuestro Ejército, que de ahora en adelante deben tener en cuenta los pronósticos meteorológicos para desarrollar sus eventos sociomilitares en los campos de paradas de todo el país.