Dilemas

ROBERTO RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ

rfernandez@unicauca.edu.co

La emergencia sanitaria que estamos viviendo es todo un acontecimiento histórico, del que se va a hablar en el futuro, con impactos históricos, nunca antes ocurridos de esta manera aunque soportemos pandemias intermitentes.

Por supuesto, se agravan las crisis estructurales de los Estados y Gobiernos, como las económicas, ambientales, en las políticas públicas, y en las democracias. Persisten las violencias regionales y los Gobiernos solo se limitan a enviar nuevas tropas, que son incapaces ante las delincuencias.

A nuestra manera de ver, se generan varios dilemas a resolver:

Primero, con estos cambios temporales o definitivos, o se refuerzan los autoritarismos y abusos de autoridad (siempre existirán estos temores), o se pone en tela de juicio el paradigma capitalista-colonial, con lo cual se fortalecerán las democracias liberales. Es decir, para los sectores dominantes toda crisis es una oportunidad de negocios (muchos contratos, ojalá sin sobrecostos como los hemos visto), pero las organizaciones sociales se plantean la posibilidad de ver el momento como una “crisis civilizatoria” en la cual muchas cosas deben cambiar, como por ejemplo se vuelve a plantear la necesidad de contar más con el Estado en lo económico y social y menos confiar en las privatizaciones que en emergencias no funcionaron.

Segundo, en el momento se define si incrementar los egoísmos – individualistas, discriminadores, o por el contrario se impulsan y logran mayores equidades e igualdades en los tratamientos humanos. Mientras los Estados asumen poderes de emergencia en defensa de las economías, que controlan en defensa de los negocios, lo cual puede ser justificado pero es peligroso (porque llevan a cambios que no sabemos), desde otras visiones se piensa en muchas protecciones y solidaridades, como la defensa de la vida, del acceso a alimentos y al agua, de salud y educación para todos, de cumplimiento de los acuerdos firmado en el pasado, de hacer alianzas en los sectores populares.

Tercero, es la oportunidad de pensar si se refuerzan las mentiras en las comunicaciones, sobre todo políticas, o la gente asume las vías de los diálogos productivos, confiando en la ciencia y en los saberes tradicionales. Las redes sociales monitorean y controlan, privadamente, y venden sus informaciones al mejor postor, negocios en los que se acusa sin pruebas o se destruyen buenas intenciones; pero existen tendencias que persiguen otros valores, de-coloniales, en los que las cosas se piensan desde los espacios comunitarios, buscando alternativas a la globalización y a las formas de ser y de estar en el mundo y a los saberes y comportamientos tradicionales. Allí otras maneras de vivir son posibles.

Cuarto, es posible que ahora se refuercen los patrioterismos, o creencias narcisistas de que lo propio es mejor o superior, de manera pura y sin mezclarse con nadie, y por el contrario denigrando de los demás. Sin embargo el momento también es propicio para reforzar los lazos comunitarios y aun las relaciones y cooperaciones internacionales. Mientras algunos gobernantes en el mundo reivindican sus espacios y políticas excluyentes, otros dirigentes y ciudadanos tienen visiones mucho mas democráticas en lo interno y en lo externo, sin perder las soberanías relativas que todavía existen. Puede ser el tiempo de las integraciones e inclusiones.

Quinto, contradictoriamente, la emergencia y el aislamiento obligatorio, nos pueden llevar a las estrecheces y desesperaciones (por supuesto, manejables), pero también nos hace pensar en muchas cosas que no habíamos notado, como las crisis, como las necesidades de las resistencias, las autogestiones, las autonomías y aún de los autogobiernos. Y tenemos otra ganancia, ahora tenemos el tiempo para pensar en todo ello y ensayar posibles alternativas.

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