Del Consejo Nacional Electoral y nada

CHRISTIAN JOAQUI

chris@joaquiabogados.co

Quizá no exista en la estructura del Estado un órgano más inoperante, inútil y paquidérmico que el Consejo Nacional Electoral, pero al mismo tiempo, quizá no hay en Colombia ni en cualquier otro Estado que se precie de ser democrático, un órgano más importante que aquel que cumple las funciones que le corresponden Consejo Nacional Electoral -CNE-.

En términos generales, de conformidad con la Constitución Política, al CNE le corresponde regular, inspeccionar, vigilar y controlar la actividad electoral de los partidos y movimientos políticos.

Creo que está sobrediagnosticado el origen de la inoperancia del CNE: la elección de sus miembros a cargo del Congreso de la República, que, con singulares excepciones, es por antonomasia ejemplo de clientelismo, componenda y chantaje político, amén de otras indelicadezas.

La Fiscalía General de la Nación remitió al CNE copias de algunas diligencias para que éste decida sobre la imposición sanciones que pueden ir hasta la cancelación de la personería jurídica, en relación con los recientes hechos de financiación indirecta de Odebrecht a la campaña de Óscar Iván Zuluaga en 2014 y se anuncian medidas por las recientes confesiones de situaciones similares en la campaña de Juan Manuel Santos en 2010.

Desde la revisión previa a Ley 996 de 2005, la Corte Constitucional impidió a las personas jurídicas brindar apoyo financiero a las campañas presidenciales, mientras que la Ley 1475 de 2011 prohibió la financiación de campañas políticas por personas naturales o jurídicas extranjeras.

Siendo Odebrecht una persona jurídica extranjera, los aportes no sólo estaban prohibidos, sino que además no fueron reportadas al Consejo Nacional Electoral.

Válidamente podemos concluir que las campañas señaladas sí incurrieron en prohibiciones, pero cuyas sanciones fuertes están contempladas en la Ley 1475 de 2011 que no estaba vigente para la campaña de 2010 y que, tampoco podría aplicarse para la del Centro Democrático de 2014, pues ese partido aún no existía para entonces.

Si, de manera general, no debemos esperar nada del CNE, ahora debemos esperar mucho menos que nada. Las investigaciones y compulsa de copias, sólo tendrán un efecto de propaganda y confusión. Los verdaderos llamados a reclamar responsabilidades de los partidos políticos somos nosotros los ciudadanos ya en las urnas, o ya en las redes sociales. Esto último es mejor que nada; mejor que el CNE.