Barberías y Peluquerías

JESÚS ARCOS SOLANO

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En el centro del Popayán de antes, existieron con sus nombres auténticos, peluquerías y barberías; profesiones honrosas, ejercidas por personas trabajadoras y honestas, muy reconocidas en la ciudad.

Cada una de ellas, tenía su propia clientela. Muchos iban para el corte de pelo, a la usanza antigua; no había cortes coloridos estrambóticos (para todo hay clientes), con patillas altas o bajas, siempre al gusto del usuario. Pocos pedían servicio anexo de afeitada. Esta parte sólo la ejercían expertos; pues se requería un manejo hábil de la barbera, la cual era afilada frente al paciente, en una correa de cuero; se aplicaba en el rostro agua, un poco caliente, con una crema espumosa y abundante para que la barbera cumpliera su oficio con más facilidad y se deslizara suavemente; ojalá no hubiera espinillas ni granos; puesto que la barbera no pedía permiso, se llevaba lo que encontraba a su paso; tanto, que a veces el afeitado salía como un Nazareno. Muchos peluqueros no realizaban este aditivo del afeite porque temían convertirse en toreros que cortaban orejas sin haber corrida. Se aclara, que el afeite en tauromaquia, es el acto de recortar las puntas de los cuernos del toro para evitarle riesgos fatales al diestro.

Esto no es permitido; lo propician los apoderados.

Las peluquerías de entonces eran lugares de reunión de personas, que no sólo iban a motilarse sino a ponerse al día en el último chisme de la ciudad. También se aprovechaba para correrse uno que otro guarilaque, y mejor, si era viernes o sábado. No se admitían “gotereros”.

Desafortunadamente estas peluquerías, atendidas por hombres, han desaparecido; queda la del matador Jairo Navia con numerosa clientela.

Entre esos peluqueros de grata recordación, mencionamos a : Lucas Hoyos e hijos, de origen paisa (calle 7ª Carreras 4ª y 5ª ), Coronado y Cejas de novillo (Calle 7ª Cras 6ª y 7ª ), Gentil, Máximo (Calle 6ª Cas7 y 8), Señor López, cerca a la Librería Clíment (Calle 5ª Cras 5ª y 6ª ) y un Señor de ojos claros y cabello blanco en el parque Caldas (Cra 7 ª) y Escipión Gonzalez (frente a Santo Domingo (calle 4 ª), famoso por su genio parejo, siempre iracundo. Estos los mas conocidos y apreciados.

Ahora no son peluquerías; son salones de belleza, salón de estética, sala de asepsia capilar, y nombres sofisticados. La mayoría son atendidos por damas muy apuestas, bien uniformadas con esmerada atención al cliente. Esto atrae al sexo masculino, que siempre prefiere estar en manos de una hermosa mujer. Los estilistas forman otro grupo, ya nutrido en la ciudad. Estas salas son atendidas por hombres y mujeres.

Cabe notar, que antes las peluquerías no prestaban el servicio de lavado de pelo; ahora las damas si lo hacen, con la venia del cliente. Utilizan un lavamanos especial en agua caliente, le aplican un champú, que los hay de diferentes marcas, como el llamado “Champú al huevo”.

Cuenta una anécdota que en alguna ocasión, Emeterio (de los Tolimenses), fue a su salón de confianza, con exclusiva atención de una dama. Emeterio desconocía la marca del champú al huevo y cuando lo llevaron al sitio de lavado del pelo, la dama le preguntó: Don Emeterio, le aplicamos champú al huevo, y el contestó: no, en la cabeza no más.

Hay mucho que contar sobre este antiguo oficio.