A Margarita Polanco

EDGAR PAPAMIJA

epapamija@hotmail.com

SEÑORAS Y SEÑORES

No entiendo, Margarita, la tristeza infinita de los hombres y mujeres que vivieron a tu lado; no entiendo el rostro anegado en llanto de tu esposo, de tus hijos, parientes y hermanos. Tu y yo entendemos su tristeza, pero no compartimos su angustia. Llorar?

Clamar al cielo por tu regreso al mundo ignoto de las almas que corren al encuentro de los dioses? Gemir como gimen los que pierden las apuestas en la penumbra del crepúsculo? Nada  de eso es comprensible, ni aceptable, ni permitido. Es hora de desterrar las angustias y  temores a  lo abstracto.

Se equivocan los que asisten compungidos al encuentro con la muerte. Se equivocan los que lloran lágrimas de dolor para despedir los espíritus  libérrimos que rompen las cadenas de este mundo para viajar al infinito. Celebremos la vida que vivimos y la que compartimos a tu lado. Evoquemos tus triunfos, celebremos tus logros, disfrutemos tus victorias. Digámosle al mundo que fuiste feliz, que construiste espacios, que diseñaste obras, que elaboraste sueños , que derrotaste las pesadillas y dejaste un legado de fe, de alegría , de amor y de templanza.

Moldeaste barro, tallaste piedras, taladraste rocas, para esculpir poemas y eso significa vivir plenamente.

El mundo convulsionado que compartimos, no pudo arredrarte ni pudo arrebatarte la capacidad de mirar con dignidad y grandeza los avatares de la vida. Luchaste para reclamar el puesto bajo el cielo que tantas veces ha sido negado a las mujeres por la impúdica visión de los tiranos. Hiciste tantas cosas buenas que no es posible borrar la estela de tu paso por el sendero tortuoso de la vida. La casa, tu  casa, la universidad, el deporte , la cátedra, la maternidad, tus hijos , tu familia, tus profesores, tus compañeros, tus alumnos, todos Margarita, extrañaremos tu ausencia, no con la ansiedad de las causas perdidas sino con la esperanza de quienes creen en la trascendencia del espíritu.

Las gentes de esta tierra prodigiosa, pletórica de efluvios gloriosos, registraron el arribo de tus mayores que cruzaron el océano para edificar allende los mares un mundo nuevo. Tus padres y abuelos trajeron el mensaje de los Druidas que abandonaron la Galia surcando en veleros, mares procelosos para arribar a las costas doradas de arenas impolutas, retando la historia, escapando a la barbarie.

Solo una duda te atormentó el espíritu. Nunca pudiste comprender la mezquindad insólita de quienes posando de señores del poder y la estulticia, urdieron la trama tortuosa para arrebatarte la posibilidad de realizar otro de tus sueños. Payaneses y caucanos perdimos la oportunidad de ver al frente de nuestra alma mater una mujer que rompiera el tedioso discurrir de la monotonía provinciana y arrebatara a los necios el afán de domesticar las artes y las letras. No pudiste ser guía en la oscuridad de nuestra institución insignia y fuiste victima de la prepotencia de los ineptos. Conociste a los que abusan  ante la pasividad de los incautos .  Ni tu, ni yo, ni nadie que conoció tu devoción por la Universidad, puede ignorar el tamaño de esa infamia. Pero no perdiste tu, perdimos nosotros, y eso cancela con creces tu frustración y la nuestra.

 

La vida de margarita estuvo plagada de hitos y logros sin cuento que vivió su tiempo como mujer de avanzada dando testimonio imperecedero de templanza: humilde con los humildes y altanera con los safios.

Con las hijas de san José de Tarbes, moldeó su espíritu bajo la mirada compasiva de María Auxiliadora que moduló el alma de miles de payanesas y caucanas que pasaron como Margarita por esos claustros centenarios. La Universidad del Cauca, nuestra Alma Máter, siempre gloriosa pese a los embates perversos de los dueños del poder, estructuró a la profesional de la ingeniería en los laberintos de la física, la alquimia y los algoritmos.

La ciencia del cálculo estructural y el análisis de los misteriosos comportamientos de los materiales para ponerlos al servicio del hombre, ocuparon largas horas de dedicación y estudio, e interminables noches de agotadoras jornadas que mostraron a sus pares la tenacidad de la basquetbolista brillante, pionera en las disciplinas de deporte de elite, que forjó su cuerpo y su carácter para darle a sus discípulos testimonio de su compromiso con la vida, la vida que trasciende, la que deja huella indeleble en el  tiempo y el espacio

La universidad de Nuevo México en Estados Unidos, completó su formación académica y fue testigo de su capacidad indeclinable de marchar a la vanguardia como lo hacen los abanderados  de la ciencia, las artes y las letras.

Sin embargo y pese a todo, en medio de los avatares de su formación y las afugias de quien rinde culto a las labores académicas, brindó a su familia y a sus hijos el amor   sin medida de un corazón hecho a la medida del tamaño de sus sueños. Su hogar fue caldera de amor, nicho de disciplina, cantera del carácter. Sus hijos heredaron de su madre el amor por su terruño, la fe en el todopoderoso y el culto a la moral y a la descaecida ética para no ser inferiores a su progenitora y para llenar como tendrán que hacerlo ahora, el vacío infinito que deja su partida.

Por eso Manuel, por eso Manolo, Margarita María, Alejandro, por eso hermanos y amigos de Margarita, no vale la pena llorar. Lógico que no podíamos estar felices, pero mal podríamos ignorar que la madre, la hermana, la amiga, la profesora, cumplió con creces su compromiso con la vida y deja huella imborrable e imperecedera en medio de los suyos. Entendemos la infinita soledad de quienes la amaron sin medida, pero permítannos a sus amigos celebrar la oportunidad que tuvimos de conocer un ser irrepetible que enorgullece la provincia y siembra la esperanza de que no todo esta perdido en este tiempo de barbarie y de molicie.

En esta tarde memorable  por mil razones, todas positivas; en esta hora difícil de la patria,  unamos nuestras mentes en una plegaria por la vida, haciendo votos para que muchos hombres y mujeres  sigan transitando los senderos impolutos que trazó la maestra, para recuperar la paz y la confianza.

¡Hasta pronto Margarita! los hombres y mujeres que tienen la dimensión trascendente de la vida por su formación pitagórica del orbe, no desaparecen. Siguen ahí, vigilantes; y con José Santos Chocano, el Cantor de las Américas, yo te juro ingeniera, por los manes de Goethe,  Leonardo, Petronio  y Lucrecio, que has vivido tu arte con una vida tan grande como la tierra y tan eterna como el tiempo.  Y es por eso, que no extrañamos tu partida.

¡amigos y amigas no vale la pena seguir llorando!

Gracias.