Editorial: Violencia y conflicto social

Mientras los gobiernos nacional y seccional, incluyendo al conjunto de la clase política, se empeñan en aparentar una normalidad democrática e institucional en nuestro departamento en una época preelectoral, la violencia sigue siendo parte del escenario cotidiano del país, y no parece haber perspectivas de cambio respecto de esa realidad.

En el Departamento del Cauca, las esperanzas despertadas por el fin del conflicto con las Farc parecieran esfumarse. Aquella tranquilidad expuesta por alcaldes y campesinos en especial en el norte del Cauca, de repente se ven nubladas por oleadas violentas que llaman a la preocupación, no solo de autoridades en general, sino de toda la ciudadanía.

Y para ejemplarizar no tenemos sino que mirar lo ocurrido en los últimos días semanas, incluyendo el pasado fin de semana. En este lapso de tiempo, un líder social fue asesinado en la Costa Pacífica; se presentaron enfrentamientos entre campesinos sembradores de coca y la fuerza pública en zona rural de Cajibío; Hubo serios incidentes relacionados con invasión de propiedad privada en el norte del Cauca, donde quemaron un bus de un ingenio azucarero y asesinaron con armas de largo alcance a un reconocido comerciante en el centro del Cauca.




Es evidente que la seguridad en diversos puntos del Cauca se mantiene en riesgo latente, a causa no solo de la delincuencia armada ilegal como tal sino también por los conflictos varios protagonizados por indígenas, campesinos y afros, confirmando que nuestra comarca es una región bastante convulsionada, caracterizada por altos niveles de desigualdad económica, violencia y conflictos sociales.

Es menester entonces para las autoridades estatales, no bajar la guardia, pensando no solo en copar con fuerza pública los espacios que dejaron los guerrilleros de las Farc, sino también hacerlo con planes gubernamentales que mejoren el bienestar de caucanos sin distingo de razas o territorios. En tal sentido tenemos que ponderar el proceso de apertura de una sede de la Fiscalía en Argelia, en un esfuerzo para garantizar los derechos humanos de las víctimas, perseguir el delito e intentar acercar la justicia al ciudadano de esta conflictiva zona del suroccidente del Cauca.

Adenda: Bastante preocupante lo que viene en zona rural jurisdicción del municipio de Timbío, donde opera la Policía Metropolitana de Popayán. Robos a viviendas e instituciones públicas, denuncias sobre hombres armados con fusiles merodeando en la zona y lo más reciente, el vil asesinato del comerciante payanés Tomás Miguel Bastidas Chávez, propietario de la empresa Granitos Perlita. Sería pertinente pues una revisión a fondo de los procesos de vigilancia que presta la unidad policial en aquellas áreas alejadas de las cabeceras urbanas. Se esperaría que el Ejército Nacional preste un apoyo importante para contrarrestar aquellos factores delincuenciales que están afectando la llamada percepción de seguridad en el centro del Cauca. Es hora de actuar en llavería.